París
Luego de una semana intensa recorriendo todos los lugares más maravillosos desde la Abadía de Westminster, el castillo de Windsor, la bellísima Catedral de San Pablo, el crucero por el Río Támesis y la exposición del Teatro del Globo de Shakespeare, no dejamos recorrido sin inspeccionar. En París, no tuvimos grandes eventos y reuniones fuera de programa pero conocimos una ciudad en todo su esplendor y belleza.
Camino a nuestro próximo destino, nos dirigimos en el tren de Rail Europe hacia París, capital de Francia. París, un pueblo galo que tiene muchos sobrenombres de los cuales el más famoso es la Ville Lumière (Cuidad de la Luz), nombre que remite a su fama como centro de las artes y la educación, pero también a su adopción temprana de la iluminación urbana. La historia cuenta que durante el Segundo Imperio de Napoleón III, el emperador comisionó al Barón Haussmann para que ejecutara los cambios necesarios para convertirla en la ciudad más moderna del mundo en su época, y sin duda a mis ojos lo logró magníficamente. Es una ciudad donde parece existir solo para que uno pueda admirarla y disfrutarla.
Por otra parte, en el grupo teníamos más de un bohemio, como Álvaro y Marcelo, que según ellos estaban en su mejor año sabático, luego de terminar ambos la escuela de arte. Para ellos, París era un lugar privilegiado en el ámbito artístico y cultural, y todos estábamos de acuerdo y disfrutábamos de ello. Aquí en París han nacido movimientos artísticos como el expresionismo, el surrealismo y el fauvismo e importantes figuras del arte y del pensamiento.
También Alejo, al ser arquitecto, sabía que la ciudad lo sorprendería y estaba abierto a conocer las mejores obras de arte, de arquitectura y el mejor estilo gótico jamás descrito por los libros que tanto consultó en toda su carrera.
En esta ciudad, íbamos a parar en un hotel donde ya teníamos asignadas las tres habitaciones. Sabía que debía desempolvar mi pronunciación y mejorar mi vocabulario, pues era la única que dominaba el idioma y uno de mis objetivos era poder ayudar a manejarnos en esta hermosa ciudad.
Al llegar, notamos que el hotel nos quedaba lejos del centro y que debíamos hacer combinaciones de metros justo en la hora pico, donde hay más afluencia de gente. Aunque debo decir que en París siempre hay gente y por sobre todas las cosas, parece que no duerme.
En Londres, nos manejábamos con las ideas y sugerencias de Pía ya que ella sabía mucho inglés. Aquí, era yo la encargada del idioma y de hacerme entender con los franceses, que no es poca cosa, pues si no tienes una pronunciación clara, no les gusta que les hables y prefieren que te comuniques en tu propio idioma.
Cuando entramos a la recepción, un muchacho joven, sin despegar sus dedos y su vista del ordenador, esperaba que dijera mi petición.
Ante la falta de reacción del muchacho y en un tono elevado para hacerme notar, dije—:Bonjou! Venu pour le séjour de 10 jours de trois chambres dans le nom á Alejo Gómez Lazarte, S’ il vous plaint.
¡Vinimos por la estadía de 10 días a nombre de Alejo Gómez Lazarte, por favor!
Mientras buscaba en su ordenador, todos planificábamos, luego de instalarnos, el próximo destino a conocer en esa fastuosa ciudad.
Como era de esperar nos conduciríamos a la colosal atracción de la Torre Eiffel y su panorámica vista para esperar la noche y luego comer en algún restaurante o bar de los alrededores.
Siempre escuchaba de la boca de Alejo que su creador Gustavo Eiffel estaba celoso de su obra, pues se conocía más a la torre que a él que la había construido. La Torre era un imponente edificio de 10 100 toneladas y de 3187 metros de altura, que fue construido con la Exposición Universal de París de 1889 la cual celebraba el centenario de la Revolución Francesa.
—Bueno chicos, este viaje y paseo me despertó el apetito, que les parece si vamos a comer algo y seguimos admirando esta belleza desde algún restaurante de la zona —proponía Ariel enfático. Y a coro fue la aceptación a su propuesta.
Al día siguiente, programamos partir hacia la Isla de la Cité —centro histórico de la ciudad en la orilla izquierda del Sena donde está Notre Dame y La Conciergerie— y caminar hacia el famoso Arco del Triunfo en plena Avenida de los Campos Elíseos y finalizar el recorrido en un paseo nocturno por toda la orilla del Sena en el Batobus, donde muestra desde otro punto de vista los monumentos y barrios representativos de París.
Nuestro grupo viajaba en bloque, pero ya en tantos días de convivencia, se empezaban a desprender los gustos y similitudes de cada uno y buscando nuevas aventuras.
Pía comenzaba a tener una cierta atracción por Alejo, aunque se conocían de hace muchos años. El viaje les había mostrado otra faceta de sus personalidades y se atraían mutuamente, se conjugaban muy bien a la hora de las elecciones y de las charlas, tanto en los restaurantes como en los cafés.
También, en varias oportunidades a la noche, habían elegido salir solos a tomar unas copas. Era bellísimo verlos como disfrutaban y se reían en plena sinfonía. Esta relación provocó que fuéramos compinches con Felipe y muchas veces celestinos de ellos, buscando actividades los cuatro.
Carolina mostraba su espíritu aventurero y se inclinaba por las opciones que le mostraban Álvaro, Ariel y Marcelo. Una noche en particular fue muy graciosa. Estábamos en nuestra habitación y usualmente nos turnábamos entre las tres mujeres para dormir en la cama de matrimonio, pero esa noche, Pía, que había salido con Alejo, nos encontró a Álvaro, Ariel y a mí durmiendo en la cama grande, después de haber visto una muy buena película en el plasma de la habitación. Habíamos pasado una jornada súper agotadora de recorridos.
A la mañana siguiente era tal el cansancio que teníamos que no entendíamos como habíamos terminado en esa habitación y amontonados en la cama de matrimonio. En el desayudo, fue divertido compartir las fotos que Pía y Alejo habían tomado al regresar del hotel la noche anterior; fiel prueba de cómo nos habían encontrado durmiendo en la cama. La gente de nuestros alrededores compartía sonrisas cómplices y, aunque no entendían el motivo de nuestro alboroto, contagiábamos nuestro júbilo y se sumaban a ello. Alejo, por su parte, en el afán de hacernos sentir mal, insistía en que le contemos el argumento y los detalles de la película y esto agregaba un plus más cómico a la situación.
En realidad, en estos viajes, es tanto lo que recorres y caminas en el día que a veces necesitas calma y tranquilidad para acomodarte en donde y como estás.
Otro recorrido que fue del agrado de todos fue ir a la famosa Place Vendome, donde se encuentra el emblemático Hotel Ritz, un símbolo de la elegancia parisina. En este lugar, por intermedio de un amigo de papá, había conseguido conocer las instalaciones y la historia que transitó por esas elegantes paredes; las mismas que fueron testigo de las últimas horas de Frederick Chopin, de Coco Chanel y de Lady Di. Me impactó estar en el mismo lugar donde Diana tuvo su última cena.
Además, ese recorrido nos llevo a visitar el departamento donde vivió Coco, en el número 31 de la Rué Cambom, al lado de los talleres de la marca que están exactamente a la vuelta del hotel donde una habitación lleva su nombre. En hotel, todo está colocado con excelente buen gusto, muebles de firma y estilo, obras de arte, ambientes exquisitamente decorados. Un living con una gran biblioteca donde recibía a toda la gente de influencia y de su preciada confianza. Las espigas y símbolos de prosperidad eran sus objetos fetiche y estaban presentes en los distintos detalles de sus muebles, así también en un cuadro que pintó el más famoso y controvertido Salvador Dalí para ella, con fondo negro y una espiga dorada en el medio. Como también el busto de mármol que le regalo Igor Stravinski, eran dos de sus objetos más preciados. Hasta los chicos estaban boca abiertos por escuchar la historia de tan fascinante mujer que influyó en la moda del mundo entero.
Además, ese recorrido nos llevo a visitar el departamento donde vivió Coco, en el número 31 de la Rué Cambom, al lado de los talleres de la marca que están exactamente a la vuelta del hotel donde una habitación lleva su nombre. En hotel, todo está colocado con excelente buen gusto, muebles de firma y estilo, obras de arte, ambientes exquisitamente decorados. Un living con una gran biblioteca donde recibía a toda la gente de influencia y de su preciada confianza. Las espigas y símbolos de prosperidad eran sus objetos fetiche y estaban presentes en los distintos detalles de sus muebles, así también en un cuadro que pintó el más famoso y controvertido Salvador Dalí para ella, con fondo negro y una espiga dorada en el medio. Como también el busto de mármol que le regalo Igor Stravinski, eran dos de sus objetos más preciados. Hasta los chicos estaban boca abiertos por escuchar la historia de tan fascinante mujer que influyó en la moda del mundo entero.
Luego de tan importante excursión por los lugares más celebres del Ritz, fuimos a cenar al famoso restaurante de Alain Dutournier, donde se muestra el valor de los productos de su tierra natal. Cocina sabrosa y familiar, elegante y con raza. Ubicado en la plaza, en plena calle Pompidou, zona donde figura un sinfín de negocios insólitos, pipas, medallas y cajas de música que te trasportan en el tiempo.
Para la noche, teníamos entradas para conocer el famoso Moulin Rouge, espectáculo de variedades donde el vestuario de esta temporada fue diseñado por Jean Paul Gaultier, uno de los más grandes creadores de la moda de Francia. Fue fabuloso el despliegue de colores, plumas y géneros sobre el escenario. Luego, nos fuimos a tomar unos tragos donde pudimos observar la diversidad de género y el libertinaje de París.
Al día siguiente, nos esperaba un recorrido igual de variado, empezando por el Museo de Louvre y terminando en una disco. Le Rex Club fue la selección propicia que nos deslumbró con su gigantografía en espacio y la decoración Art-decó bajo el Palacio del Cine. Esa noche, había un espectáculo en vivo. Allí, Felipe y Ariel vivieron su primera experiencia de ser perseguidos por la inclinación de dos muchachos que sintieron atracción por el aspecto masculino de los jóvenes latinos. Los dos parisinos no podían disimular ese libertinaje tan obvio y descarado. Pese a hacer visible y evidente que Ariel y Felipe tenían atracciones hacia las mujeres, ellos no se rendían y su insistencia era más que notoria.
Para nosotras era todo un espectáculo y, aunque Pía y yo hacíamos de supuestas parejas, esa actitud provocativa era normal para los parisimos y el ambiente en que nos rodeábamos. En su imaginación se podía percibir que era su deseo el de concretar una noche de compartir unos tragos y algo más de a seis. Fue una noche donde la imaginación, la locura y la diversidad que ofrece París se nos presentaron ante nuestros ojos de mil maneras.
Todos los recorridos habían sido cuidadosamente programados y estudiados por todos, según comentarios, experiencias y demás amistades y, sin duda, lo estábamos concretando. Pasamos diez días en esa bella ciudad y, a la mañana siguiente, debíamos embarcar en un crucero por las aguas del Rhin para admirar sus bellos paisajes y románticos castillos medievales y continuar el recorrido a la hermosa ciudad de Heidelberg, una de las ciudades universitarias más antigua de Alemania a orillas del Neckar y, por último, partir hacia la mismísima Alemania.
Más allá de la infinidad de lugares y recorridos, llevábamos un registro de cada lugar porque en cuestión de horas pasábamos de un país a otro como si el tiempo no existiera. De esta manera, teníamos más oportunidades de conocer la diversidad de comunidades, culturas y costumbres, tal vez no en tanta profundidad pero si ampliando nuestro recorrido.
En este viaje, no podía faltar el paseo a Venecia donde nos trasladaron en un barco privado y desembarcamos en la Plaza de San Marcos y pudimos luego admirar el Puente de Rialto, el Puente de los Suspiros, la Isla de San Giorgio y el infaltable paseo en góndolas por sus canales, además de un crucero panorámico por las islas de Venecia.
Sin embargo, no importa por dónde uno transite, las ciudades que irradian más historia son Roma y Florencia. En esta urbe de expresiones se concentra la historia, las leyendas y monumentos y se convive con el ajetreo constante de la gente y tráfico que se desplazan de un lado a otro, siendo sus atracciones una verdadera sorpresa para los visitantes de la ciudad eterna.
Imponente me resultó Roma, la ciudad del Vaticano, donde se encuentra la basílica de San Pedro, la Plaza de San Pedro, el Vaticano y sus jardines. Todo era de gran sorpresa y mucho más aún porque pronto se anunciaría el nuevo papa en esa gran plaza.
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