30 de julio de 2016

Capitulo 18

Capítulo 18


Si bien había un equipo excelente de enfermeras y de gente que me cuidaba, de amigos de Federico que estaban todos sumidos a la recuperación y el regreso de nosotros a la Argentina con la mayor seguridad, debo reconocer que me costó recobrarme y adaptarme nuevamente al ambiente de la embajada.
Era como que toda mi persona estaba programada para el regreso, un regreso frustrado donde se me hacía más difícil e imposible ver el futuro. Pasaban los días y notaba que mis heridas físicas mejoraban su aspecto, pero era evidente que las de mi corazón y mis vivencias estaban marcando una huella importante.
Una tardecita-noche mientras descansaba en mi cuarto, siempre en la compañía de Federico que había optado por no dejarme ni un minuto sola, ingeniándose para realizar su trabajo en donde yo me encontraba y ver mi evolución de cerca, me desperté con mis pesadillas recurrentes, solo que mucho más intensas y cargadas de agresividad. Si antes padecía de ellas, luego de lo vivido debo reconocer que estaba en un estado  alterado, mas angustiado, hostigado y con signos de no controlar los cambios existentes.
Desperté con un gran grito, salté de la cama y con mis ojos bien abiertos atiné a tomar un cuchillo de la mesa de noche donde habíamos comida ambos entre risas y una muy buena película. En un ángulo del cuarto se escuchaba mi voz amenazante y a la defensiva del que se me acercara, sin distinguir persona alguna, en un arameo perfecto que decía…
— الشركة المصرية للاتصالات أصوات الشباب ومطر-  Te voy a matar.
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Solo tengo la imagen de ver todo blanco y alguien que me hablaba como en la lejanía y que  se aproximaba. Enceguecida no distinguía, donde, como, y quien estaba conmigo, solo repetía…

—الشركة المصرية للاتصالات أصوات الشباب ومطر-  Te voy a matar.
—الشركة المصرية للاتصالات أصوات الشباب ومطر-  Te voy a matar.

—Fátima soy  Federico, por favor cálmate, estamos a salvo, dame el cuchillo. —insistía con su voz calma y tranquilizadora.
Mientras esto ocurría, por mis gritos y amenazas comenzó a llegar gente, colaboradores de Federico, guardaespaldas que estaban en la puerta, donde esta situación llevo a que el cuarto fuera una invasión de gente donde solo  vi  mas provocación y ataque a mi persona y comencé a caminar por la habitación tirando sillas o le que se encontraba a mi paso, usándolas como escudo. Quería salir de la trampa que me encontraba donde solo era producto de mi imaginación y de mi estado.
— Por favor te pido que reacciones, que despiertes, estás conmigo, soy Federico, ya pasó —  extendía sus manos para tomarme y estar entre sus brazos, acercarse más a mí y detenerme.
                                                                        
En un intento de de escapar del público que me rodeaba, el personal de seguridad forcejeo y al intentar recapacitar en mi actitud me lastimé mi abdomen con el cuchillo y sobre mi camisón de impecable seda color marfil, se divisaba una mancha de sangre, producto de la herida que yo misma me había realizado.
— Estas herida, por favor reacciona  te queremos cuidar…
En tanto Federico se desesperaba en dar solo una orden…
—Por favor no le hagan daño, por favor trátenla con cuidado, está en estado de shock, les suplico que no le hagan daño…
Cuando uno de ellos tomo la iniciativa y me tomo del brazo, sujetándolo fuertemente hasta hacerme doler, fue cuando el hombre moreno de ojos grandes y de impecable traje  se dirigió a Federico y le señaló con convicción…
—Lamento señor pero debo hacerlo…
 Sentí un fuerte golpe en mi rostro y aturdida, embriagada  y trasportada a otro mundo comencé de  a poco a tomar conciencia de la situación y de los rostros amigos que estaban en mi entorno. Tuve unos segundos de inconsciencia producto del cachetazo. Fue cuando de una zancada llego hasta mí Federico y sentí su abrazo fuerte, protector y acariciando mi espalda y mi cabello, acurrucándome en su pecho, me repetía al oído, mientras mi llanto se hacía cada vez más, desgarrador y angustioso …
—Preciosa, ya pasó, estás  conmigo,  ya pasó todo, cálmate estas a salvo…
Y su aroma, sus manos sobre mi piel,  todo su ser, me hicieron reaccionar y sentirme protegida  vencida, entregada.
Esa noche el desfile de enfermeras, médicos y personal que pasaba por la habitación era considerable. Me curaron la herida punzante que me había hecho en el abdomen y me suministraron un sedante que llevo a que durmiera doce horas corridas.
Ante un sonido que algo pesado se caía en la habitación me incorporé de golpe en la cama.  Me encontré frente a unos ojos tristes abatidos que reflejaban cansancio y manifestaban que había tenido una jornada no del todo agradable. Sus manos acariciaban mis dedos con cuidado y alternaban con mi rostro en un deseo de aclarar y sanar mis heridas.
Con su ayuda traté de incorporarme y fue cuando noté un dolor agudo en mi vientre.
Volví mi mirada hacia él con expresión de que me tirara una respuesta a lo ocurrido y de sus labios broto…
—No te esfuerces, no hagas movimientos bruscos, logras que te duela aún más…
—¿Que me ocurrió Federico, porque estoy tan cansada y con este dolor?                                                               
Levante suavemente el pijama de seda color rosa, nuevo, con olor a lilas característico, que no me resultaba para nada familiar y donde nuevamente volví a preguntar…
—¿Qué es esto? —Pregunté sorprendida a Federico…
—Fue consecuencia de tu pesadilla de ayer, ya está, ya pasó y solo quiero que me digas como te sientes…
—Confundida… creo que dormí mucho pero aún continúo cansada.
—¿No recuerdas nada de lo ocurrido?—pregunto Federico mirándome a los ojos y acariciando uno a uno mis dedos y con signos visibles de preocupación en su rostro.
—¡No!, no lo recuerdo, estoy aturdida, tal vez recuerdo un sueño feo, pero por tu semblante debo pensar que tu  si sabes que ocurrió y no quieres decírmelo, ¿qué te preocupa?, pregunté con cierta ingenuidad…
Tome conciencia que me estaba ocurriendo cosas desconocidas y que se me escapaban de mi control. Con su voz suave, hasta seductora se sentó a mi lado, me abrazo y comenzó a contarme lo sucedido. Solo me hizo notar que debía poner todas mis fuerzas y mi energía en borrar esos pensamientos, calmar mi angustia para recuperarme y volver óptima a mi país.


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