30 de julio de 2016

Capitulo 17

Capítulo  17


La sensación del agua sobre mi cuerpo era realmente reconfortante y necesaria. Las gotas de  lluvia de la ducha caían sobre mi cuerpo, aflojaban mis músculos y algo mis tensiones, mientras inspeccionaba mis marcas en el cuerpo como consecuencia de lo ocurrido. Mis piernas y muslos tenían moretones de todos los tamaños y formaban  un   sinfín de colores en mi piel blanca. Sobre mi muslo delantero  derecho  tenía una herida profunda que los médicos le habían prestado suma atención.  Debía desinfectármela y curarla muy bien. Lavar mi cabello resultaba difícil ya que  me dolía el cuero cabelludo donde se podía ver que había raspaduras y excoriaciones, que  con solo la frotación de mis dedos para hacer una limpieza profunda, hacían que mis ojos se llenaran de lágrimas por el dolor.
Sorpresa fue ver, ante el espejo, mi rostro marcado. No lo había notado  y  al tener la cara limpia eran más visibles los arañazos y heridas que tenía en la frente y otra oculta entre las cejas, un corte en el labio superior y mi ojo derecho tenía un color violáceo que ni el mejor corrector podía disimular. Mi inspección terminó cuando escuche que golpeaban la puerta y detrás de ella se escuchaba la voz de Federico preguntándome, con  un tono afligido y entristecido, si  me encontraba bien ante mi tardanza…
—¡Si…Fede! ya estoy casi lista, ya salgo— dije tratando de mejorar mi pelo y colocándome una bata de impecable blanco con olor a lilas, como solo Ema podía tener toda la ropa de cama.
Su cara no pudo disimular su sorpresa al verme. Era verdad que el baño, mi tez blanca, habían resaltado mis heridas en su máxima expresión. Si bien estaba feliz de estar nuevamente ahí cuidada, protegida como nunca, por todos ellos, deseaba saber cuándo  nos iríamos. Anhelaba  dejar atrás a ese país. Me preocupaba  mucho mi padre, los  amigos y comenzaba a extrañar mis costumbres. Fue por primera vez que pensaba en mi cama, mi sillón, mis libros.
—Fátima, ¿realmente estas bien?—Dijo con su tono afligido tomándome de la cintura.
—Creo estarlo, Federico, son marcas superficiales, pronto desaparecerán—dije con un esbozo de sonrisa y disimulando la mentira de los hechos.
—Ven siéntate y cuéntame—me acercó a la cama para que pudiera escuchar con tranquilidad mi relato.
—Por quien empezamos ¿por ti o por mí?—Comenté con un ojo cerrado con expresión risueña.
—¡No! quiero que me cuentes todo, lo mío en parte te lo conto Fernando y no paso más que eso, pero tu aspecto me preocupa, pues creo que lo tuyo fue mucho más duro.
— Por cierto, lamento lo de Tamir, se que lo estimabas mucho y su pérdida te debe haber golpeado.—Dije tomándole las manos.
Comencé a contarle desde el momento que intercambie palabras con Malak, le explique que gracias a su ayuda había podido sobrellevar parte de lo vivido y que me refugie mucho con el cuidado de  Yamil, que me había tomado el compromiso de protegerlo y tratar de adecuar su infancia en algo más agradable que lo que nos estaba sucediendo.                                                                           
Notaba que su mirada se entristecía en pensar lo que había vivido  y eso que obviaba contarle detalles que me habían impactado mucho mas, la muerte tan de cerca, la violación y el ultraje a Malak… cuando el interrumpió mi dialogo y me dijo…
—Hasta ahora me has contado de otros pero no de ti, ¿qué te ocurrió  en particular?
Este hombre conocía mis evasiones y pretendía que aunque quede desolado por el relato quería saberlo todo.
—¡Cuéntame que ocurrió!,¿porque estas tan golpeada?, ¿es cierto que un militante musulmán te tomó de rehén en la mezquita?… Cuéntame, por favor, peor es que me quede una visión distorsionada de los hechos.
Y eso si que era complicado de explicar y minimizar la escena, no sé si tendría sentido, aunque sabía que estaba muy instalado dentro mío como para  ocultarlo mucho tiempo,  pues pasar toda la noche en un cuarto de oración con un musulmán desequilibrado era difícil de entender como salí ilesa de esa situación y que la única consecuencia había sido unas  patadas y el hostigamiento psicológico. Trate de contar las cosas lo más objetiva posible, lo notaba abatido por el relato y culpable, aunque trataba bajo todos los medios, al ver su expresión, de atenuar detalles en el relato.
Cuando en un  movimiento y descuido vio mi pierna herida, descubierta por la robe que llevaba puesta. Su rostro se transformó y de inmediato cortó el diálogo y tomo el teléfono llamando a enfermería. Desolado, consternado, pedía  el servicio de enfermería para curar mi pierna que había quedado al desnudo.
—Me aguardas un minuto quiero que te prepare algo especial de comer Ema y debo hacer una pequeña llamada— separando su imagen de mi alcance.
Lo vi que salía ocultando su furia hacia el pasillo y tomaba su celular. Poco alcance a entender con quien y que hablaba, solo sé que el baño me había relajado mucho y que mi cansancio se estaba apoderando en su totalidad de  mi persona  y en  pocos minutos me quedé dormida en la gran cama de ese cuarto, que hacía unas semanas atrás, habían preparado para mí y que hoy volvía a ser su huésped.

No recuerdo ni cuando me curaron la pierna, cuando entré a la cama y como me coloque el pijamas de Federico. Me despertó unos rayos de sol que entraban por la ventana y vi a mi lado sentado frente a mí, un par de ojos azules que mostraban una mirada agobiada, pero muy dulce que me decía…
—¡Buenos días ! ¿Cómo te sientes? ¿Cómo estas esta mañana?
—Cansada, pero bien… creo que el baño me relajo mucho y me quedé dormida, ¿no?
—Así es…—sus ojos no dejaban de acariciarme con su mirada tierna.
—¿Tú me colocaste el pijamas y me curaste?—Dije sorprendida.                                                                         
—Curarte ¡no!… porque todavía no aprobé anatomía I, pero si te coloque el pijamas y te acurruque para que descansaras tranquilamente, ¡hasta dormí a tu lado y  no te diste ni cuenta  de mi presencia!
Fue cuando sus palabras  me colmaron de ternura e incorporándome un poco en la cama lo abrace muy fuerte y comencé a expresar lo que Omar me había hecho notar. El sentimiento que tenía hacia él en palabras. Me dio un beso dulce, tierno y comenzó a decir…
—Fátima yo también me sentí perdido en pensar que podía perderte y  mi egoísmo te llevó a que pasaras por todo esto injustamente. Soy yo el único responsable de lo que viviste, por retenerte a mi lado, te descuide y estas son las consecuencias. Este sentimiento que creció en ambos pensé que podía manejarlo, como siempre estuve a acostumbrado a manejar todas las situaciones, sin pensar que aquí no era una relación laboral, era cuidar nuestra relación, cuidarte a ti, tu integridad y darle prioridad a tus deseos. Haz sido muy paciente y generosa conmigo, no  pediste nada a cambio, solo mi amor y yo te respondí con egoísmo.
Se lo escuchaba firme pero su tono era alicaído, desolado y con un gran proceso de elaboración ante lo dicho.
—Como podré recomponer esto que viviste si me siento enteramente responsable.
—¡No, No, basta! No te culpes más de lo ocurrido, ambos pasamos por situaciones desagradables y si estoy aquí es porque yo también tome una decisión  firme y segura ante nuestra relación. No es una relación laborar lo que está ocurriendo entre nosotros, es un sentimiento que nos involucra a ambos y yo también soy responsable de tomar la decisión de quedarme. Esto excede a nuestro  control y no es producto de un descuido o negligencia de  alguno de nosotros. Se nos escapa de las manos esta situación, en este país, en este lugar, por más que seas de la embajada esto que sucede es ingobernable.
—¡Todavía eres tú la que pretende animarme a ante lo sucedido!—Dijo cabizbajo.
—Soy tan responsable como tú porque  tomamos el riesgo de esta situación y los  dos debemos salir de ella. Eso es una pareja Fede, pelear tanto en las buenas como en las malas, de a dos, por el objetivo que deseamos, sea donde sea, estemos donde estemos.
Ante mis palabras por un instante se me cruzo por la cabeza si mi objetivo sería igual al suyo…
Su abrazo fue intenso y su beso aún más dulce y reconfortante. Y estando entre sus brazos me anime a decirle casi al oído y con mi voz entrecortada por la angustia y con lágrimas en los ojos…
—Como sigue esto Fede, debo reconocerte que esta ciudad me asusta y sobre todo si estoy lejos de ti.
—Divina, yo estaré a tu lado, jamás te dejaría sola.  Ya estamos programando el vuelo de regreso de una forma más segura y rápida. Pronto estarás con tu familia, pero quiero por sobre todas las cosas que te recuperes.
— ¿Y tú, donde estarás?—Dije mirándolo a los ojos y con mi vista nublada por las lágrimas.

—A tu lado, siempre a tu lado.                             

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