Capítulo 17
La sensación del
agua sobre mi cuerpo era realmente reconfortante y necesaria. Las gotas de lluvia de la ducha caían sobre mi cuerpo,
aflojaban mis músculos y algo mis tensiones, mientras inspeccionaba mis marcas
en el cuerpo como consecuencia de lo ocurrido. Mis piernas y muslos tenían
moretones de todos los tamaños y formaban
un sinfín de colores en mi piel
blanca. Sobre mi muslo delantero derecho
tenía una herida profunda que los
médicos le habían prestado suma atención. Debía desinfectármela y curarla muy bien.
Lavar mi cabello resultaba difícil ya que
me dolía el cuero cabelludo donde se podía ver que había raspaduras y
excoriaciones, que con solo la frotación
de mis dedos para hacer una limpieza profunda, hacían que mis ojos se llenaran
de lágrimas por el dolor.
Sorpresa fue ver, ante
el espejo, mi rostro marcado. No lo había notado y al
tener la cara limpia eran más visibles los arañazos y heridas que tenía en la
frente y otra oculta entre las cejas, un corte en el labio superior y mi ojo
derecho tenía un color violáceo que ni el mejor corrector podía disimular. Mi
inspección terminó cuando escuche que golpeaban la puerta y detrás de ella se
escuchaba la voz de Federico preguntándome, con
un tono afligido y entristecido, si
me encontraba bien ante mi tardanza…
—¡Si…Fede! ya estoy casi lista,
ya salgo— dije tratando de mejorar mi pelo y colocándome una bata de impecable blanco
con olor a lilas, como solo Ema podía tener toda la ropa de cama.
Su cara no pudo
disimular su sorpresa al verme. Era verdad que el baño, mi tez blanca, habían
resaltado mis heridas en su máxima expresión. Si bien estaba feliz de estar
nuevamente ahí cuidada, protegida como nunca, por todos ellos, deseaba saber
cuándo nos iríamos. Anhelaba dejar atrás a ese país. Me preocupaba mucho mi padre, los amigos y comenzaba a extrañar mis costumbres.
Fue por primera vez que pensaba en mi cama, mi sillón, mis libros.
—Fátima, ¿realmente estas bien?—Dijo
con su tono afligido tomándome de la cintura.
—Creo estarlo, Federico, son
marcas superficiales, pronto desaparecerán—dije con un esbozo
de sonrisa y disimulando la mentira de los hechos.
—Ven siéntate y cuéntame—me acercó
a la cama para que pudiera escuchar con tranquilidad mi relato.
—Por quien empezamos ¿por ti o
por mí?—Comenté con un ojo cerrado con expresión risueña.
—¡No! quiero que me cuentes todo,
lo mío en parte te lo conto Fernando y no paso más que eso, pero tu aspecto me
preocupa, pues creo que lo tuyo fue mucho más duro.
— Por cierto, lamento lo de
Tamir, se que lo estimabas mucho y su pérdida te debe haber golpeado.—Dije
tomándole las manos.
Comencé a contarle
desde el momento que intercambie palabras con Malak, le explique que gracias a
su ayuda había podido sobrellevar parte de lo vivido y que me refugie mucho con
el cuidado de Yamil, que me había tomado
el compromiso de protegerlo y tratar de adecuar su infancia en algo más
agradable que lo que nos estaba sucediendo.
Notaba que su
mirada se entristecía en pensar lo que había vivido y eso que obviaba contarle detalles que me
habían impactado mucho mas, la muerte tan de cerca, la violación y el ultraje a
Malak… cuando el interrumpió mi dialogo y me dijo…
—Hasta ahora me has contado de
otros pero no de ti, ¿qué te ocurrió en
particular?
Este hombre conocía
mis evasiones y pretendía que aunque quede desolado por el relato quería saberlo
todo.
—¡Cuéntame que ocurrió!,¿porque
estas tan golpeada?, ¿es cierto que un militante musulmán te tomó de rehén en
la mezquita?… Cuéntame, por favor, peor es que me quede una visión distorsionada
de los hechos.
Y eso si que era complicado de explicar y minimizar la
escena, no sé si tendría sentido, aunque sabía que estaba muy instalado dentro
mío como para ocultarlo mucho tiempo, pues pasar toda la noche en un cuarto de
oración con un musulmán desequilibrado era difícil de entender como salí ilesa
de esa situación y que la única consecuencia había sido unas patadas y el hostigamiento psicológico. Trate
de contar las cosas lo más objetiva posible, lo notaba abatido por el relato y
culpable, aunque trataba bajo todos los medios, al ver su expresión, de atenuar
detalles en el relato.
Cuando en un movimiento y descuido vio mi pierna herida,
descubierta por la robe que llevaba puesta. Su rostro se transformó y de
inmediato cortó el diálogo y tomo el teléfono llamando a enfermería. Desolado,
consternado, pedía el servicio de
enfermería para curar mi pierna que había quedado al desnudo.
—Me aguardas un minuto quiero que
te prepare algo especial de comer Ema y debo hacer una pequeña llamada— separando su imagen de mi
alcance.
Lo vi que salía
ocultando su furia hacia el pasillo y tomaba su celular. Poco alcance a
entender con quien y que hablaba, solo sé que el baño me había relajado mucho y
que mi cansancio se estaba apoderando en su totalidad de mi persona
y en pocos minutos me quedé
dormida en la gran cama de ese cuarto, que hacía unas semanas atrás, habían preparado
para mí y que hoy volvía a ser su huésped.
No recuerdo ni
cuando me curaron la pierna, cuando entré a la cama y como me coloque el pijamas
de Federico. Me despertó unos rayos de sol que entraban por la ventana y vi a
mi lado sentado frente a mí, un par de ojos azules que mostraban una mirada
agobiada, pero muy dulce que me decía…
—¡Buenos días ! ¿Cómo te sientes?
¿Cómo estas esta mañana?
—Cansada, pero bien… creo que el
baño me relajo mucho y me quedé dormida, ¿no?
—Así es…—sus ojos no dejaban de acariciarme
con su mirada tierna.
—¿Tú me colocaste el pijamas y me
curaste?—Dije sorprendida.
—Curarte ¡no!… porque todavía no
aprobé anatomía I, pero si te coloque el pijamas y te acurruque para que
descansaras tranquilamente, ¡hasta dormí a tu lado y no te diste ni cuenta de mi presencia!
Fue cuando sus
palabras me colmaron de ternura e
incorporándome un poco en la cama lo abrace muy fuerte y comencé a expresar lo
que Omar me había hecho notar. El sentimiento que tenía hacia él en palabras. Me
dio un beso dulce, tierno y comenzó a decir…
—Fátima yo también me sentí
perdido en pensar que podía perderte y
mi egoísmo te llevó a que pasaras por todo esto injustamente. Soy yo el
único responsable de lo que viviste, por retenerte a mi lado, te descuide y
estas son las consecuencias. Este sentimiento que creció en ambos pensé que
podía manejarlo, como siempre estuve a acostumbrado a manejar todas las
situaciones, sin pensar que aquí no era una relación laboral, era cuidar
nuestra relación, cuidarte a ti, tu integridad y darle prioridad a tus deseos.
Haz sido muy paciente y generosa conmigo, no
pediste nada a cambio, solo mi amor y yo te respondí con egoísmo.
Se lo escuchaba
firme pero su tono era alicaído, desolado y con un gran proceso de elaboración
ante lo dicho.
—Como podré recomponer esto que
viviste si me siento enteramente responsable.
—¡No, No, basta! No te culpes más
de lo ocurrido, ambos pasamos por situaciones desagradables y si estoy aquí es
porque yo también tome una decisión
firme y segura ante nuestra relación. No es una relación laborar lo que está
ocurriendo entre nosotros, es un sentimiento que nos involucra a ambos y yo
también soy responsable de tomar la decisión de quedarme. Esto excede a
nuestro control y no es producto de un
descuido o negligencia de alguno de
nosotros. Se nos escapa de las manos esta situación, en este país, en este
lugar, por más que seas de la embajada esto que sucede es ingobernable.
—¡Todavía eres tú la que pretende
animarme a ante lo sucedido!—Dijo cabizbajo.
—Soy tan responsable como tú
porque tomamos el riesgo de esta
situación y los dos debemos salir de
ella. Eso es una pareja Fede, pelear tanto en las buenas como en las malas, de
a dos, por el objetivo que deseamos, sea donde sea, estemos donde estemos.
Ante mis palabras
por un instante se me cruzo por la cabeza si mi objetivo sería igual al suyo…
Su abrazo fue
intenso y su beso aún más dulce y reconfortante. Y estando entre sus brazos me
anime a decirle casi al oído y con mi voz entrecortada por la angustia y con
lágrimas en los ojos…
—Como sigue esto Fede, debo
reconocerte que esta ciudad me asusta y sobre todo si estoy lejos de ti.
—Divina, yo estaré a tu lado, jamás
te dejaría sola. Ya estamos programando
el vuelo de regreso de una forma más segura y rápida. Pronto estarás con tu
familia, pero quiero por sobre todas las cosas que te recuperes.
— ¿Y tú, donde estarás?—Dije
mirándolo a los ojos y con mi vista nublada por las lágrimas.
—A tu lado, siempre a tu lado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario