Capítulo 20
A la mañana siguiente
me desperté pasadas las 17.00 hs., con
la llegada de Pía en mi dormitorio.
Tanto mi padre como
Marta, su ama de llaves desde que yo era pequeña, habían dejado que durmiera
hasta tarde y recuperara mi estado.
Debía reconocer que Federico tenía
razón, pese haber dormido muchas horas, mi cuerpo se sentía agotado. Escuché una vocecita desde
la puerta del dormitorio que se hacía paso hacía mi…
—Buenas tardes… ¡Yo ya fui a
trabajar y la señorita aún continúa en
la cama! —rezongaba
Pía al entrar.
Me incorporé y no
dejaba de sorprenderme la hora que figuraba en el reloj. Después de
intercambiar risas y comentarios pasamos a la pregunta obligada y la que más le
preocupaba a Pía…
—Cómo te sientes amiga, ahora que
no hay hombres que nos vigilan y que están controlando nuestra conversaciones ¿cuéntame que te ocurrió que te cuesta tanto reponerte? ¿Hay algo más que no quieres contar en
presencia de tu padre?
— Para nada, solo tengo que
reconocerte que el relato de ayer fue parcial para ellos, pues no quiero
intranquilizarlos, pero debo reconocerte que fue muy duro. Las vivencias que
experimenté en ese país pocas veces se igualen.
—A Federico también lo vimos diferente a la última vez y nos preguntábamos con los chicos si había
algo en particular que no nos quieren contar…
—No Pía, no pienses mal, solo que
como ya sabes es una sociedad muy cruel y por más que él perteneciera a la embajada también sufrió la hostilidad de un
país que no conoce de fronteras y que sus creencias y fundamentalismos le hacen
cometer errores de todo tipo.
Pasamos largo
tiempo hablando ambas de todo lo sucedido. Podía notar que con mi relato, su cara se modificaba ante lo expuesto. Para
mí, fue como una confesión, pues sabía que ella entendería todas mis vivencias,
mis interrogantes y porque no… mis miedos. También quedarían guardados en ella,
sin que lo supieran los chicos, que mucho le preocupaban lo ocurrido, sobre
todo Alejo que esperaba que después de nuestro encuentro, pudiera saber algo más de lo ocurrido. Luego de un extenso diálogo, paso a preguntas y temas personales, como era
de esperar en ella, todo lo quería saber y en detalle.
—Bueno, bueno, ya hemos hablado
muy serias de temas duros y situaciones
difíciles, vamos a lo que me interesa y para descontracturar el clima, que debe
estar jugosa la descripción… —Comentó con un ojo cerrado guardando
cierta complicidad en su gesto.
— ¿Cómo va la relación con ese
hombre hechicero, atrayente, caballero y
fundamentalmente súper sexy?
—Bueno que descripción precisa y
acertada que tienes de MI HOMBRE… ¡amiga!
—Hay que decir la verdad Fátima,
hay que llamar las cosas por su nombre, pocas veces se ve un espécimen de esa
naturaleza, quiero que a esta altura me cuentes sus defectos, porque a simple
viste solo le veo virtudes.
—Creo que es verdad y aunque no
lo creas en mi lista de prioridades las tiene todas, aún no veo defectos… Solo
te diría que a veces es algo controlador y autoritario por momentos, pero debo pensar que es propio de su actividad laboral y
de las situaciones que pasamos, donde se
cargaba de responsabilidades.
— ¡Si, si, si,…! amiga todo
genial, pero vamos al punto… en la cama, ¿también adopta esa actitud? O es el
tierno que aparenta ante público en cuidarte, ser gentil y un hombre con gentileza que noto que
te hace sentir en el mejor de los mundos con sus atenciones...
Fue cuando el
celular comenzó a sonar con la melodía de Pharrell Williams, Happy, donde me
indicaba que estaba entrando una llamada de él y me salvó de una respuesta
incómoda, pues no me creería que era mucho más maravilloso de lo que mis palabras podían expresar, y ante el tema escuchado Pía revoleó sus ojos
marrones en síntoma de disgusto y dijo…
—Justo cuando venía la mejor
parte nos interrumpe su llamado…. Iré a
la cocina a buscar algo de comer. Habla tranquila pero te aseguro que no te
escaparás de la respuesta. —acotó Pía retirándose de la habitación.
Y no lo dudaba,
pues sabía lo intistidora que era cuando se le ponía algo en la cabeza.
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