30 de julio de 2016

Capitulo 20

   Capítulo 20

A la mañana siguiente me desperté  pasadas las 17.00 hs., con la llegada de Pía en mi dormitorio.
Tanto mi padre como Marta, su ama de llaves desde que yo era pequeña, habían dejado que durmiera hasta tarde y recuperara  mi estado. Debía reconocer que Federico  tenía razón, pese haber dormido muchas horas, mi cuerpo  se sentía agotado. Escuché una vocecita desde la puerta del dormitorio que se hacía paso hacía mi…
—Buenas tardes… ¡Yo ya fui a trabajar y la señorita aún continúa  en la cama! —rezongaba Pía al entrar.
Me incorporé y no dejaba de sorprenderme la hora que figuraba en el reloj. Después de intercambiar risas y comentarios pasamos a la pregunta obligada y la que más le preocupaba a Pía…
—Cómo te sientes amiga, ahora que no hay hombres que nos vigilan y que están controlando nuestra conversaciones  ¿cuéntame que te ocurrió que  te cuesta tanto reponerte?  ¿Hay algo más que no quieres contar en presencia de tu padre?
— Para nada, solo tengo que reconocerte que el relato de ayer fue parcial para ellos, pues no quiero intranquilizarlos, pero debo reconocerte que fue muy duro. Las vivencias que experimenté en ese país pocas veces se igualen.
—A Federico también lo  vimos diferente a la última vez  y nos preguntábamos con los chicos si había algo en particular que no nos quieren contar…
—No Pía, no pienses mal, solo que como ya sabes es una sociedad muy cruel y por más que él perteneciera a la  embajada también sufrió la hostilidad de un país que no conoce de fronteras y que sus creencias y fundamentalismos le hacen cometer errores de todo tipo.
Pasamos largo tiempo hablando ambas de todo lo sucedido. Podía notar que con mi relato,  su cara se modificaba ante lo expuesto. Para mí, fue como una confesión, pues sabía que ella entendería todas mis vivencias, mis interrogantes y porque no… mis miedos. También quedarían guardados en ella, sin que lo supieran los chicos, que mucho le preocupaban lo ocurrido, sobre todo Alejo que esperaba que después de nuestro encuentro,  pudiera saber algo más de  lo ocurrido. Luego de un extenso diálogo,  paso a preguntas y temas personales, como era de esperar en ella, todo lo quería saber y en detalle.
—Bueno, bueno, ya hemos hablado muy  serias de temas duros y situaciones difíciles, vamos a lo que me interesa y para descontracturar el clima, que debe estar jugosa la descripción… —Comentó con un ojo cerrado guardando cierta complicidad en su gesto.
— ¿Cómo va la relación con ese hombre  hechicero, atrayente, caballero y fundamentalmente súper sexy?
—Bueno que descripción precisa y acertada que tienes de MI HOMBRE… ¡amiga!                                                                          
—Hay que decir la verdad Fátima, hay que llamar las cosas por su nombre, pocas veces se ve un espécimen de esa naturaleza, quiero que a esta altura me cuentes sus defectos, porque a simple viste solo le veo virtudes.
—Creo que es verdad y aunque no lo creas en mi lista de prioridades las tiene todas, aún no veo defectos… Solo te diría que a veces es algo controlador y autoritario por momentos, pero debo  pensar que es propio de su actividad laboral y de las situaciones que pasamos,  donde se cargaba de responsabilidades.
— ¡Si, si, si,…! amiga todo genial, pero vamos al punto… en la cama, ¿también adopta esa actitud? O es el tierno que aparenta ante público en cuidarte, ser  gentil y un hombre con gentileza que noto que te hace sentir en el mejor de los mundos con sus atenciones...
Fue cuando el celular comenzó a sonar con la melodía de Pharrell Williams, Happy, donde me indicaba que estaba entrando una llamada de él y me salvó de una respuesta incómoda, pues no me creería que era mucho más maravilloso  de lo que mis palabras podían expresar, y  ante el tema escuchado Pía revoleó sus ojos marrones en síntoma de disgusto y dijo…
—Justo cuando venía la mejor parte  nos interrumpe su llamado…. Iré a la cocina a buscar algo de comer. Habla tranquila pero te aseguro que no te escaparás de la respuesta. —acotó Pía retirándose de la habitación.

Y no lo dudaba, pues sabía lo intistidora que era cuando se le ponía algo en la cabeza.

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