30 de julio de 2016

Capitulo 21

Capítulo 21

Llevábamos días de compartir diferentes cosas en común, trabajo, amigos, reuniones, fiestas en la embajada, nada hacía notar que había cambiado nuestra relación. Aún más, se podía percibir que se afianzaban los sentimientos y compartíamos aún  lo impensable, en plena armonía y disfrute.
 Adoraba cuando se aparecía en mi estudio y sentado frente a mi escritorio, observaba detenidamente mis actividades laborales a la espera de poder salir a almorzar. Debía reconocer que su presencia causaba alboroto. Siempre en nuestro espacio informal caía de impecable saco y camisa, haciéndose  camino  con sus grandes espaldas, profundos ojos azules, su peinado en perfectas condiciones y con una sonrisa en sus labios, que dejaba a más de una mujer con los ojos como platos cuando la saludaba amablemente una por una. Nuestro ambiente de trabajo era descontracturado y debo decir que estábamos acostumbrados a ver contratistas y gente de obra con cascos y bolsegos. No era común ver tanta elegancia en horas de trabajo. Con tan linda figura, era un recreo para la vista y un comentario para todo el día, aún del personal masculino, que veía el cambio radical que causaba su presencia en las mujeres. Según ellos, y a modo de broma, en los días de visita de Federico propiciaba el entendimiento de propuestas y proyectos, logrando en pocos minutos lo que se discutía por días.
Estando ya  instalada en mi departamento de la capital, una noche se aparece con una botella de vino y una propuesta. Fue la invitación de ir a conocer a su madre y hermana a  Neuquén, donde pasaríamos un fin de semana largo que se aproximaba. Mi sorpresa fue mayúscula, pues sabía lo que implicaba tan importante convocatoria. Fernando me había contado en una oportunidad que era muy cauto con sus relaciones de pareja  y que nunca una mujer  había pasado las fronteras que él me había permitido abordar en los últimos días. Una de ellas era conocer a su familia.
Debo reconocer que ante semejante invitación estaba nerviosa y no sabía cómo y con quién me iba a encontrar,  motivo por el cual,  en el vuelo,  estaba muy nerviosa y lo percibió…
—Tranquila, no pensé que te resultaría difícil este plan, si me quieres,  se te contagiará el sentimiento cuando las conozcas.
—¡Si, lo sé!… no pueden ser muy diferentes a ti— respondí con una sonrisa nerviosa y algo tensa.
El recibimiento no podía haber sido más cálido y afectuoso al verme. Desde un primer momento me hicieron sentir aceptada y actuaban como de haberme conocido  desde mucho tiempo, sin distancias. Se podía percibir que ellas tenías mas información de mi persona y de la relación actual que tenía con Federico, que lo que yo sabía de ellas. Pasamos unos días increíbles, compartiendo recuerdos y vivencias de toda la familia y mucho me gusto ver las fotos de pequeño y adolescente junto, a su gran número de amigos y primos que  su madre Carmen, matizaba con una anécdota. Tuve oportunidad de conocer a gran parte de la familia ya que tanto sus tíos como algunos primos también vivían en esa ciudad. Solo me quedo por conocer a sus sobrinos que por cuestiones de estudio no habían podido viajar, pero, nos conectamos vía skype y vi el entusiasmo y el diálogo franco y cariñoso de todos.
El lugar donde se encontraba la casa era realmente encantador. Una serena calidez en sus paredes  donde predominaba la luz, la altura de sus techos y los tonos suaves. En cuanto entré se respiraba una sensación de paz, de hogar, de confort y un fuego encendido para pasar el invierno. Ventanales con vista a grandes vegetaciones donde en casi todos los ambientes predominaba el calor de la madera. Espacios generosos con tapizados en terciopelo, piel y cuero, donde las texturas conviven en perfecta armonía.
Fui instalada en una habitación de grandes proporciones, con baño privado donde tenía todas las comodidades. En la habitación contigua y solo con un pequeño escritorio de separación estaba el cuarto de Federico.
Las reuniones,  tanto del desayuno como las cenas,  se armaban en la gran mesa de comedor  y se disfrutaban en familia. Era un gran grupo donde se podía respirar respeto, cordialidad y por sobretodo, amor.
La despedida fue emotiva y muy agradecida por parte de ellas,  que se  lograra un fin de semana en compañía de Federico. Se los veía con lazos firmes, fuertes, y que pese a la aceptación de sus encuentros  esporádicos, las distancias no dejaban de ser un problema. Al regreso, tomando mi mano y buscando mis ojos su pregunta me llenó de ternura y noté que había estado protegiéndome en todo momento…
—¿Estás más tranquila? Ya paso lo más difícil….
—Sin duda tienes una familia maravillosa, me hicieron sentir muy cómoda— dije tomándolo del brazo.
—Tan linda como la tuya, con sentimientos puros —dijo mirándome a los ojos y dándome cuenta del verdadero significado de porque lo decía.
En una charla previa sobre la relación con mi madre me había dejado pensando sobre mi carga emocional y mi relación con ella, expresando que las cosas se cultivan y que se afianzan con el tiempo,  todo si hay sentimiento, de lo contrario se marchitan. Que  había gente  que en las relaciones no se quería comprometer. Que se debía aceptar,  pero no por eso resignarnos a sufrir. Él consideraba que donde el ego actuaba mucho sobre los sentimientos, es porque no  se sabe cómo manejar la aceptación y es preferible no tener compromisos para seguir en una postura más fácil y continuar pensando en uno. Una postura simple, pero que no implicaba responsabilidad alguno hacia el otro. Que debía aceptarla tal cual era sin cuestionarla, que me haría muy bien su aceptación, que lo que importaba era mi tranquilidad de consciencia y no repetir o cometer los mismos errores. Y era muy cierto.  En esa misma charla fue cuando tocamos el tema de cómo me veía  con la maternidad y como me había afectado mi relación  con mi madre en mi futuro.
Quedo sorprendido bajo mi respuesta…
—No quiero que pienses que no me gustaría ser madre, solo que le tengo muchísimo miedo a fallarles. Fui criada bajo los afectos de toda gente lindísima, sobre todo del modelo de mi padre, pero desconozco como es la relación de una madre a quien confiar y no quisiera estar sola para criar a un pequeño, quiero darle el modelo de los dos como pareja. A veces pienso si tengo formado o cultivado mi instinto maternal.                                                                               
—¿Cómo es eso de <<sola>>?… ¿hace falta recordarte que no estás sola? Eso no se cultiva, ni se forma, se siente bonita…—expreso con sus cejas contritas y a modo de enfado.
—No lo sé… es una pregunta recurrente en mi y tengo miedo al abandono en cualquiera de sus términos.
—Solo tú puedes cambiar la historia si estas dispuesta a transitar el desafío— dijo mirándome con dulzura y dándome un beso suave, tierno y dulce.
—Recuerda que eres única y de ti depende tu futuro, nadie más que de ti.
No era un tema que no había hablado con profesionales, pero debo reconocer que cuanto más grande me hacía más inseguridades se me presentaban y la prueba era que el miedo al abandono estaba instalado  en mi. De eso se trataban mis pesadillas, cuando una situación me desbordaba, mi inconsciente trabajaba en recordarme que estaba desamparada y que debía solucionarlo por mi cuenta, aunque mi aparente conducta demostrara tranquilidad y equilibrio por dentro, tenía muchas preguntas sin resolver y mil situaciones en mi imaginación.


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