29 de julio de 2016

Capítulo 13

Capítulo Nº 13

En los días siguientes noté que Federico había cambiado su estado de ánimo. Percibía que algo en el no andaba bien, tal vez eran problemas de trabajo, aunque había mermado relativamente la violencia y no era tan demandante la situación por los organismos internacionales, pero cada vez que abordaba el tema sobre su cambio, con un gesto o alguna actitud disuasiva, lograba que se cambiara la conversación.
Teniendo mi pasaporte se sintió más confiado, aunque siempre con custodia y reparos de distintos lugares donde transitábamos, me invitó a realizar junto a él, las visitas emblemáticas de esa ciudad que tenía muchos contrastes. Estando en el Cairo que en árabe significa fuerte, la victoriosa, siendo la capital más grande del mundo islámico, está situada en la rivera del Nilo y es una combinación de hoteles de lujo, residencias de príncipes con gran poderío, que puertas adentro muestran oasis de una gran vida, templos y mezquitas antiguas con increíbles ornamentaciones. Un contraste muy grande de ver autos lujosísimos y al lado, caminando, señores con túnicas acompañados por burros. Las calles eran un caos, no respetan automóviles, peatones, bicicletas ni animales y no solo era por la situación reinante, sino que dicho por él, siempre se veía de ese modo.
El museo fue unos de los lugares que quedé maravillada por la colección de objetos de antigüedad y el tesoro de Tutankamón. Las pirámides están mucho más cerca de la ciudad de lo que uno se imagina y aunque es muy incómodo su acceso, vale la pena sentir la energía estando en ese lugar. Estas tumbas que fueron de los faraones Keops, Kefren y Micerino fueron construidas durante la cuarta dinastía y lo sorprendente de todo ello, es ver estas moles de construcción de bloque unidos y encastrado en perfecta simetría y orden en el medio un desierto de arena.

Todo se veía distinto en compañía de Federico, lo disfrutaba y no tenía temores. Hasta el paseo en camello fue sumamente divertido y pude observar su sonrisa radiante y que lo disfrutaba tanto como yo. En la noche nos dimos el gusto de ver el espectáculo de luces reflejado sobre las mismas pirámides con un relato sobre la creación e historia de la mismas, finalizando todo nuestro recorrido intenso del día, con las luces de la ciudad y tomar unos tragos típicos de baladí, bares que venden alcohol pero que de afuera parecen cafeterías.
Este mismo recorrido lo habían realizado los chicos cuando obtuvieron la visa y en compañía de Fernando, que les hizo de guía, para que conocieran lo más significativo.
Ya de regreso en el auto le tomé la cara entre mis manos le di un beso plácido, dulce y le dije muy suavemente…
—¡Gracias!, me encantó hacer este paseo en tu compañía.
El me tomo por la cintura y me apretó muy fuerte contra su pecho y me dio un beso apasionado, pero diferente al resto de otros. Fue cuando mi curiosidad e impaciencia pudo más que la discreción y me animé con mis ojos clavados en los suyos para no perderme expresión alguna, a decir…
—Que sucede Fede, te noto distinto, ¿hice algo que te molestara? —pregunté ingenuamente.
Él apoyó sus dedos en mi boca y con una mirada triste y lejana, argumentó…
—Ni se te ocurra pensar que es tu actitud la que me molesta.
—¿Entonces? Que ocurre que te noto distante—alcancé a decirle con mis ojos algo húmedos. 
Fue cuando le dio una orden que detuviera el auto a Tamir. Ya estábamos en los frentes de los jardines de la embajada.
—Tamir… está bien, déjanos aquí que caminaremos un poco por los jardines.
Me di cuenta que no era un simple problema de trabajo, que había algo más y se trataba de nosotros. Me tomó de la mano y dejé que comenzara él diálogo. Fueron segundos de silencio que me destruían, pues aunque algo sospechaba no pensé que lo afectara tanto.
—Fátima quería comenzar esta charla de otra forma, quería tener más clara mis ideas pero ante tu intuición y tu insistencia de cómo me siento, trataré de acomodar mis sentimientos y pensamientos para explicártelo lo más claro posible. Estoy disfrutando muchísimo de tu compañía, de tu presencia y el tenerte a mi lado. Si no estás te extraño, me siento incompleto. Disfruto que estés en la casa, con tu sonrisa, tus atenciones, tu trato tan dulce. Hasta siento tu perfume en cada rincón.
Te quiero, no puedo negar que te necesito, pero también sé que desde que conseguimos el pasaporte dijiste que te sentías más libre y lo sos. Ahora podes decidir cuando regresar, solo que no se si estoy preparado para eso y soy muy egoísta, porque sé que estoy dilatando tu partida. Tengo una dualidad en mi que jamás había percibido. Soy consciente que debes volver a tu mundo y que si bien este es parte del mío, si te pierdo no sé si ahora estoy tan seguro de continuar con esto. Esta vida no te gusta y no puedo ser ruin en pedirte que renuncies a la tuya, a tus afectos y que vivas aquí conmigo. Pero no se en donde estoy parado. —Se frenó ante mí y me tomó la cara posando sus labios sobre los míos en un beso tierno pero agudo por la angustia que encerraba y dio paso a mis palabras.
—Porque sospeché que algo de esto se trataba tu cambio repentino —dije tomándolo de la cintura.
—Porque eres muy intuitiva…—respondió sin mirarme a los ojos.
—Todo lo que mencionaste es verdad y también lo siento. Descubrí a tu lado sensaciones nuevas, te tengo tan incorporado a mi piel que tu rose lo extraño cuando no estás y no puedo pensar como me sentiría estar a millas de distancia… Pero ante esta situación, ¿qué propones?—dije como pensando que ya tenía una respuesta elaborada.
—Marcos me propuso que usáramos pasado mañana el vuelo privado para regresar a Buenos Aires, me puedo quedar quince días, tal vez un poco más, mientras arreglo algunas cosas de trabajo allí, pero luego no puedo prometerte nada…
—No pretendo que me prometas nada, mejor dicho no quiero que me prometas nada, solo quiero que el tiempo nos señale lo correcto y que nuestros sentimientos guíen nuestro destino —dije mirando sus grandes ojos azules.
—Siento como que lo tenes muy pensado, como que ya tenes una respuesta clara a lo nuestro—dijo Federico con cierto asombro.
—¡No!, no lo pienses así… solo quiero vivir el momento. Desde el comienzo supe que tener una relación contigo sería complicada, solo me estoy adaptando a ella.
—¿Complicada? ¿Porque lo dices? ¿Soy un tipo complicado para vos?—dijo con voz firme arqueando una ceja.
—¡No!, no me malinterpretes, tú no eres el complicado, la situación, como nos conocimos, tus vivencias y tu forma de vida tan distinta a la mía. Tú no conoces aún como es mi ritmo, mi familia y días cotidianos, en cambio yo pase largos días contigo con infinidad de vivencias. Estamos en una posición difícil y nunca pensada por nosotros. Creo que hasta te aburrirías a las pocas horas de cambiar de ritmo…— ¿Ohhh… me equivoco?
—No lo sé y es muy cierto que no te conozco en tu ambiente, solo me lo imagino—dijo sin levantar la vista y jugando con mis dedos.
—Creo que lo mejor será que el tiempo nos ayude y por lo pronto tomar ese vuelo, dar rienda suelta a lo que sentimos y que la estadía en la Argentina, nos muestre el camino estando juntos en otra ciudad, tal vez jugando yo de local. —Me abrazo aún más fuerte y me dio un beso profundo como sellando mis labios, donde escuché casi en secreto a mi oído de su boca decir…
—Te amo y te necesito más que nunca… pensé que sería difícil abordar el tema, pero tú lo haces todo más fácil.




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