Capítulo 22
Habíamos pasado un
día y noche increíblemente divertidos.
Aceptamos la invitación de unos amigos en hacer un paseo en barco por el Tigre
y posterior estadía en una casona donde
te ofrecían infinidad de actividades para todos los gustos.
Fue oportuno
recorrer y contemplar el puerto de frutos con su particular colorido
y descubriendo un sin fin de detalles y dejarse cautivar por infinidad de
sensaciones inexplicables. Durante el recorrido sobre del Delta del Paraná ,
Andrés y su señora, Ana, amigos de
Federico, los dueños de la embarcación, nos hacían notar, a los más nuevos del
paseo, lo que se podía observar durante el recorrido, desde variedad de
especies faunísticas habiéndose
extinguido y el tan nombrado yaguareté, que dio el nombre de
Tigre, al lugar.
Llegamos a una
típica caserón isleña de principios de siglo pasado, que conservaba su espíritu
siendo recuperada para brindar el máximo confort y donde podíamos disfrutar de
magnificas propuestas recreativas, perdiendo la noción del tiempo en un paisaje
pintado de verde y rodeados de un marco
natural único. En ella a parte de ofrecernos una propuesta gastronómica
artesanal y exclusiva, programaban las actividades del día para personas de
todos los gustos, desde una hamaca
paraguaya para descansar debajo de un frondoso árbol en compañía de buena
lectura, clases de yoga - relajación y para los hombres en plan de travesía,
realizar un paseo en Kayaks dobles y simples con instructor, con fines
recreativos o de entretenimiento. En la
noche nos ofrecieron una cena al calor
del fuego de los leños, donde cada uno demostraba sus cualidades artísticas en
un marco de risas y plena diversión. Llegado mi turno no pude escapar a la
curiosidad de una de las chicas, la pareja de Fernando, sin percibir su
presencia, me había escuchado en el gimnasio cantando mis canciones preferidas. Mi
vergüenza fue mayor al ser descubierta en un faceta que hasta Federico
desconocía. Ante la insistencia comencé
a tararear una canción conocida, donde
todos se incluyeron y luego terminamos entonando en conjunto. Eso fue
suficiente para darme paso y sumado a la bebida de todos, tomar confianza para escuchar absortos
mi habilidad para el canto y el ritmo de diferentes melodías.
Cuando nos retiramos
avanzada la noche a nuestras habitaciones, me dispuse a darme una ducha como
era mi costumbre antes de dormir y la puerta del baño se abrió con su figura
masculina totalmente desnuda y desplegando su magnífica sonrisa esperando fuera
de la bañera una invitación de mi parte. Era tan irresistible su imagen que en
pocos segundos nos encontrábamos debajo de la ducha disfrutando de besos
invasores y de caricias acompasadas del jabón y de manos que recorrían nuestros cuerpo. Respondí a su trayectoria de
reconocimiento y entre risas, caricias y
miradas cómplices nos uníamos en una riqueza de sensaciones que llegaban a un éxtasis
de efectos, emociones, estremecimientos que marcaban a las claras lo mucho que
nos sentíamos haciendo el amor y teniéndonos cerca.
El olor a menta que
se encontraba en el ambiente producto de los cuencos con aroma, las toallas
suaves acariciando nuestras figuras y la
relajación de nuestros cuerpos en disfrutar una jornada recreativa, completaban
una escena soñada. Con la delicadeza que lo caracterizaba me llevó hasta la
cama y nuestros cuerpos desnudos reavivaran los sentidos del placer nuevamente en ambos …
—¡Por
Dios Fede, esto es el paraíso, no me canso de acariciarte, no puedo parar de
disfrutarte!
—¡ No lo hagas…! Continúa, yo también lo disfruto—dijo con su voz
ronca besando y mordisqueándome mi hombro.— Voy a atarte a
la cama y voy a dormir dentro de ti toda la noche.
Tomó posesión de mi boca, me dio un beso
profundo y lo sujeté con fuerza entre
mis brazos, podría quedarme en esa postura para siempre. Sonrío y abro los ojos, mantengo la mirada y sus
ojos azules intensos me embriagan de
deseo. Con sus manos tomándome mi trasero, me desplazaba al centro hasta que
acomoda una almohada sobre mi cabeza y otra debajo de mis caderas, para tener mi
sexo a su merced. Me acerca su cara y su
nariz traza círculos sobre la mía, y se desliza sobre mis pechos hasta llegar a
mi ombligo.
—Te quiero tener todos los días de este modo, cuando me duermo por las
noches— recorre mi cuerpo con sus labios.
—Ya me tienes— dije con un suspiro de voz por las sensaciones del
roce de sus labios en mi cuerpo.
—Quiero esto todas las noches y todas las mañanas—Sonríe
pícaramente, mostrando su dentadura perfecta, y esa sonrisa que me quita el
aliento.
—Cada vez hay más peticiones… ¿falta que digas el día completo?
—¡Y porque no!..., sabes que pido las cosas de a poco pero ya que lo
mencionas—¡El día completo...!
—Eres incorregible—dije con una sonrisa.
—No es broma lo que digo, quiero estar contigo noche y día.
—Y yo te dije que ya me tienes—contesté
risueñamente mientras su dirección se enfocaba
a mi zona de placer, torturándome lentamente.
—No es válida la respuesta. —Y comenzaba una danza de reconocimiento
de su boca, haciéndome estremecer.
—¡Fede por favor ya basta!.
—¿Sabes lo increíble que estas así?— lo dice con un
tono mayúsculo de excitación.
—¿Estas dispuesta a pasar el resto de los días conmigo? —
pregunta mientras estoy perdiendo el sentido por tanto placer, mi cerebro está colapsado.
—Me
estas sobornando…, en estas condiciones no me dejas pensar.
—Es
la única manera que logro una respuesta y no una evasiva…—murmuro.
—¡Si, Si ya basta! Por favor! -—acusé con desesperación.
—¡No entendí la respuesta!— mientras seguía perdiéndome en el
placer-.
—¡Si, si, si… ¡me tienes completa, noche y día, solo para vos… que mas
quieres que te responda!!— perdida en el placer que me provocaba.
—¡ No te entiendo tu respuesta!,¡ eso implica unirnos para siempre! — me
expresaba sin dejarme de besar y jugando con sus palabras.
—Lo que quieras, por favor pero
ya basta, quiero tenerte completo.
Se aferra a mis
caderas, tira de ellas y se ubica para poder tener su miembro dentro mío
acompañado de cada embestida. Estoy temblando de pies a cabeza. Noto que se
tensa y empieza a moverse lentamente en círculos logrando una sensación única e
irrepetible en mi interior. Un grito ahogado, desesperado, electrizante y
satisfecho brota de su boca, simultáneamente
con pequeñas contracciones que estimulan mi interior, donde logramos ambos
extraer la última gota de placer y fundirnos un en deleite absoluto. Quedo exhausta
y fundida en un sueño casi profundo donde se me interrumpe por un cosquilleo debajo
de mi oreja y me produce un escalofrío.
—Nos metemos dentro de las
sábanas que tienes frío y ¿nos acurrucamos un rato?—Pregunta acariciándome
la nariz con la suya.
—Sí, tengo frío, ven a mi lado—dije buscando el calor de su
cuerpo.
Y nos quedamos
abrazados en un sueño profundo y reconfortante hasta la mañana siguiente.
Entrada la tarde y
ya de vuelta a mi departamento en el en el VMW sedan cuatro puertas de Federico, suena mi celular
con el recordatorio de todos los días.
—Te suena el celular en tu bolso—me dice
al verme distraída.
—Oh, Si…y comienzo a buscar en el
fondo de mi bolso el neceser que
contiene mis pastillas anticonceptivas.
—¿Qué buscas con tanta
preocupación?— me pregunta desorientado en ver mi celular en la gaveta de su auto.
—Las pastillas— dije
preocupada.
—¿No las tienes?
—No las encuentro, deberían estar
en este bolso y no están. Ni recuerdo haber tomado ayer. Tal vez las deje
olvidadas en la mesita de luz del hotel. Párate en una farmacia por favor, no
perderé tiempo. Antes de llegar e instalarnos con una copa de vino en mi
departamento y preparar nuestros atuendos y posterior agenda para una semana
más de nuestras tareas laborales pasamos por la farmacia. Subo al auto y digo…
—Ok! Ok! Ya esta!
—¿Compraste agua para tomarla?—dice
con cara sorprendida.
—No, no la necesito, ya está.
—Me sorprende lo simple que hacés todo,¡ te adoro!.
Había una cosa en
ambos que había quedado pendiente antes
de este fin de semana a pura actividad, su regreso a Egipto. Se aproximaba la
fecha y debía tomar decisiones y aún no habíamos hablado seriamente del tema.
No conocía cual sería su postura después de haber experimentado la convivencia
en ambos lugares. ¿Cuál sería la de su agrado? ¿Cuál sería la de su elección? O
solamente deberíamos acostumbrarnos como su familia a ¿visitas esporádicas?. En
realidad debía reconocer que no quería abordad el tema, tenía miedo al futuro y
todo marchaba tan bien que no me quería encontrar con la realidad tan de golpe.
Quería seguir disfrutando el momento mientras durara. Hasta la propuesta de la
noche anterior quería olvidar para no armarme castillos en el aire.
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