30 de julio de 2016

Capitulo 25


Capítulo 25


Sentí el ruido de la llave y Pía que entraba con mi bolso, mis pertenecías y una carta en su mano.
Se acercó al sillón donde estaba tirada, tapada con una manta y me extendió el sobre donde claramente reconocí la letra. Como era de esperar en ella, me dejo sola para poder leer con tranquilidad lo que decía…
Mis manos temblaban y con cuidado sin romper su borde superior  la abrí, donde con letra perfecta y clara expresaba…
Fátima, amor mío:
Hubiese querido  que el viaje fuera de otra manera, consensuado por ambos y no de la forma en que nos dejamos, vacíos de palabras y de entendimiento por ambos.
Soy responsable de mis actos y por eso debo aclarar esta situación planteada, que se que va a terminar en buenos términos, después de este viaje. Solo quisiera saber si  me estarás esperando para hablar, pues nos debemos una charla, larga, madura y donde los dos no nos lastimemos.
Me duele regresar a tu departamento y no encontrarte, no saber nada de ti,¡ No me apartes de tu vida.!
Te quiero con toda mi alma y sabes que no quiero hacerte daño.
Regresaré pronto.
Te amo.
Federico

                                                                            
Pía se tomo su tiempo y cuando regreso, le extendí mi mano con la carta, para que fuera leída por ella. Esta vez no dijo nada, solo me abrazó, me dejo llorar y sus palabras calmaron mi angustia en una reflexión…
—Ten fe amiga, todo se va a solucionar, ese hombre realmente te ama y esta a las claras que vos también.
Consideré oportuno volver a mi departamento al día siguiente, no porque ya no quería encontrarme con él; sabiendo que estaba de viaje no regresaría, solo que extrañaba mi lugar. Su placad estaba intacto, nada se había movido ni sacado de su lugar, aún tenía en mis sábanas el aroma a su perfume  y mis rincones ya no eran míos sino imágenes fantasmas de su presencia que entristecían su partida.
Pase varias semanas con escasas noticias,  de tanto en tanto, aparecía un mail de él contando la situación reinante en Egipto, pero ningún comentario del motivo de su <<supuesto>> viaje. Lo que me dejaba triste y desilusionada.
Me enfoque en el trabajo para ocupar mi cabeza en otra cosa. Alejo, ya no ajeno a la situación quería tratar de suplir mi tristeza con invitaciones a almuerzos y bares luego del trabajo y hasta un día se me presento junto con Felipe y Pía con unas entradas para ir al cine.
Una  noche que me resistí a otro encuentro de amigos, tragos y vida nocturna, llegue temprano al departamento, destape una cerveza, luego preparé mi baño con sales y seleccioné el mejor camisón de seda que le gustaba a él. Repase con mis ojos y  manos, cada una de sus prendas, el aroma,  la selección de cada una de ellas y mis pensamientos se deleitaban con su figura envuelta en ellas, me trasportaron a un millón de imágenes placenteras. Entre sorbo y sorbo, con mi música favorita a niveles óptimos de potencia,  me trasladaba a recuerdos y vivencias únicas junto a él, realizando una danza o baile según mi imaginación. Quería enterrarme en la espuma y perderme, recordar cada caricia, cada roce de sus dedos en mi piel, sensaciones  que manifestaban mi cuerpo  con solo su presencia a corta distancia. Luego de un largo rato, ya arrugada y con el agua tibia, me dispuse a salir de la bañera donde noté que mi cuerpo flojo y algo aturdido por los efectos del alcohol, me hacían tener una sonrisa permanente en el espejo, donde observaba mi aspecto. Consideré picar  algo de comida que había dejado en la heladera, sin ser gran cosa y fui  por mi segunda botella. Me coloque las prendas interiores haciendo juego con el  camisón preferido de  Victoria’s Secret color blanco traslúcido, largo, con sugestivos detalles  de  encaje y me coloqué  el  perfume que tanto le gustaba.
En una mirada de reojo vi mi celular con la cara de Pía, que había estado mandando mensajes y llamadas incesantemente, que por la música y mi ensoñación no percibí. También había llamadas de Alejo y Felipe que estaban juntos. Era evidente que los tenía preocupados, cuando consideré oportuno llamarla para tranquilizarla…
Sentía que mi cabeza se elevaba con cada paso que realizaba y cuando llegue al teléfono arrastrando las palabras dije muy sonriente y animada…                                                    
—¡¡¡¡Holaaaaaaaaaa amiiiiiigggggaaa querida!!! Que sucede que hay tantas llamadas y mensajes, ¿con quién la estas pasando genial y me quieres contar?
—Fátima¿ qué te ocurre?, ¿estás sola?—pregunto sorprendida por el entusiasmo que presentaba mi voz y lo jocosa que se me sentía.
—¡Estoy yo y mis recuerdos!, ¿te parece poco?, estoy en una fiesta súper privada.
Mis respuestas y tono de voz sorprendieron mucho a Pía,  sabía que no era de actuar así y que algo ocurría.
—Fátima no te escucho bien,¿ estás borracha?... ¡Vamos para tu departamento!.
—Pero amiga… ¡no te digo que la estoy pasándola genial…! Tú continúa divirtiéndote que yo  estoy  bomba en mi fiesta del recuerdo. ¡¡¡Hola!!! ¡¡¡Hola!!!, bueno podrías haberme dicho hasta luego, hasta pronto…Parece que en este país se perdieron los buenos modales, uno se va a Egipto y me deja sola sin explicaciones reales y la otra llama y después no se despide…Al carajo con todos y seguí en la tuya Fátima que lo único que no tuviste en cuenta para cerrar la noche es un buen consolador.
En unos pocos minutos tocaban el timbre  con insistencia para poder ser escuchado por la música a todo volumen… desde adentro mi voz sonaba en busca de las llaves sin soltar mi  copa en la mano…
—¡¡¡¡Ya va, ya va!!!!¿ Quién es?—Continuaba arrastrando mis palabras.
—Nosotros, ¡¡abre por favor!!—Decía Pía.
—¿Y quiénes <<son nosotros>>? Tengo que estar adivinando de quien se trata ¿o <<nosotros>> ¿implica el bar entero?— Pregunté con risas… porque era gracioso como se  me  dificultaba introducir  las llaves en la cerradura por mi estado. Con cierto obstáculo abrí  la puerta y con los brazos abiertos expresé con alegría su llegada.
—¡Aquí están mis tres mosqueteros que se suman a mi fiesta!—Cuando me ve Pía, con cara de asombro exclama.
—¡Oh Dios! Lo que me imaginaba… estas tomando…
Inmediatamente me sumé a los comentarios sobre mi aspecto que risueños acotaban  Alejo y Felipe…
—Menos mal que la fiesta es privada porque así vestida estas muy provocativa —dijo Alejo dándome un beso en la mejilla y acariciando mi rostro con su mano.
—Guau, guau, guau, si así estas sola y con este perfume ¿qué te pones cuando estas con alguien en la intimidad?¡¡¡ Estas preciosa!!! —Expresó Felipe tomando mi mano y haciéndome girar con su brazo en  alto sobre mí para apreciar mi figura completa, lo que me llevó a perder el equilibrio total y entre carcajadas me tomó entre sus brazos.
                                                           
—Eres todo un caballero— le di un beso en la boca por el piropo expresado. —Felipe con total cara de felicidad y por mi aliento argumento mirando al resto…
—Creo que tiene encima más de la cuenta…
Pía se dirigió a la cocina  y viendo  las botellas vacías arriba de la mesada las levantó en alto y dijo…
— ¡Esto te da una respuesta!
—Hay hermosa hermana mía ¿qué ocurre? ¿Cómo podemos ayudarte?…
Y dirigiéndome  a la cocina y sacando  vasos comencé a ofrecer todo tipo de bebidas que de inmediato tuvieron una reacción  en cadena, contestando los tres  a la vez…
—¡¡NO!!¡¡ Basta!!
—¡Pero que aguafiestas que están!, vinieron  de mal humor porque se les cerró el boliche… aquí no me vengan con pálidas, que yo estoy de lo mejor…
Cuando me dirigí hacia Felipe me colgué de sus hombros y comenté a todos.
 —Creo que ya encontré lo que me faltaba…— Mi cara picara provocaba a los hombres para mi lengua se soltara.
— ¡¿Y? que te faltaba dijo Alejo!—en tono risueño,—debo de reconocer que como no es común verla así me causa mucha gracia, me divierte mucho.
 Con cara azorada conociéndome y temiendo lo que iba a decir.... se adelantó Pía…
 — Por favor no lo digas….
 —¡Hay amiga  cuanto me conoces, cuanto me conoces! …—y mirando a los ojos de Felipe, se me estaba por escapar de mi verborragica boca, cuando  Pía me la tapa con dos ibuprofeno y un vaso de agua que provocaron mi atoro y mayor risa.
 —La desconozco, jamás la había visto así—acusó  Felipe mirando mi inestabilidad y con una sonrisa muy divertida.
 — Te propongo que nos sentemos en el sillón y nos relajemos un poquito, te calmes y nos cuentes porque hiciste esto que es raro en ti. —Sujetándome por la cintura Felipe y retirando mi pelo aún húmedo de mi cara y llevándome para ponerme más cómoda.
 —No, no, no…. —intenté pararme y fue inútil el acto. — Creo que tienes razón estoy algo mareada.
  —¿Qué te pasa Fátima, no puedo verte así, esta no eres tú? —dijo Pía con una voz triste mirándome a los ojos.
Y como es costumbre en cada borrachera después de la euforia viene la tristeza o la reflexión. Comencé a explicar mi estado,  un relato que plasmaba real dimensión de la angustia que tenía…
… ya no tengo ganas de lidiar con gente que hace reclamos innecesarios por abandonos sufridos en el pasado. Vivir de recuerdos me estanca, me paraliza, me detiene. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados de cargos de poder, títulos que quieren adjudicarse en una sociedad donde parece que existís si tenés un nombre o un apellido y no se te considera por tu esencia. Quiero atreverme a
decirle adiós al pasado y animarme a vivir el presente feliz y apostar a un futuro que hasta hace poco, creía lleno de proyectos y vivencias hermosas. Tengo miedo haberlo perdido cuando lo tenía. Se requiere firmeza y responsabilidad para planificar el futuro y no lo quiero hacer sola…—Comenzaron a caer sobre mi mejilla lágrimas, que trataba de contener con el dorso de mi mano. —Para armar el futuro se necesitan cambios y esos cambios demuestran la desnudez de mis miedos y transitar por aguas desconocidas  a nadie le agradan, pero de eso se trata la vida. De desafíos, de combatir los obstáculos y aprender de las experiencias positivas y negativas. Debo asumir que estoy pasando por ellas y que me estoy encontrando con la realidad y  enfrentarla. Estoy dispuesta a recuperar a ese hombre que culpé, desacredité y desconfié, pero necesito ayuda, pues mi mente es un torbellino de sensaciones encontradas. Debo sacarme los prejuicios de pensar que soy víctima de engaños, porque si no lo resuelvo es cómodo y es la excusa perfecta para echarle la culpa al otro, cuando es uno quien tiene el deber de resolverlo para encontrar la felicidad. Tengo miedo haber perdido a ese hombre y el encontrarme de pronto con su ausencia, me hace cometer errores, sentirme impotente, débil, sin razonamiento,  con dolor por su desamparo, otra vez el abandono está presente en mi vida. Por momentos caigo en la resignación que no es para nada mi aliada y termino vencida pensando  que tal vez ese es mi destino, ¡ser abandonada!. Eso es todo… o tal  vez es lo mucho que me pasa.
Se apoderó un silencio en la sala donde todos quedaron extasiados ante semejante confesión…
—Creo que tenés muy elaborado lo que te sucede, perdón por subestimar tu coraje para decirlo. Tienes que ser valiente para reconocer parte de la culpa y el estado, en una situación como esta—argumento Felipe.
Pía se sentó, me dio un fuerte abrazo diciéndome al oído…
 —Cuenta conmigo querida amiga, recuerda que no estás sola y te dije que con fe todo se soluciona. Nadie te abandona, estamos aquí para cuidarte.
Alejo, por su parte, se arrodillo frente a mi  y me tomó de las manos besándolas y guiñando un ojo dijo…
                                                      
—Jamás te dejé, te cuido y te seguiré cuidando…y te aseguro que ese hombre al que piensas que te abandono es el encargado de cuidarte este último tiempo mucho más que nosotros. No desconfíes de sus actos.

Desperté en el sillón tapada con una manta abrazada a Felipe. Aún el dormía y al quererme incorporar note los resabios de una noche completa de alcohol en mi cabeza. El resto se había ido a sus respectivos trabajos dejando una nota sobre la mesa. Habían considerado oportuno no dejarme sola y Felipe no tenía hospital en todo el día y podía sortear el consultorio lo que ayudó a mi recuperación en compañía de mi gran amigo.


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