Capítulo 25
Sentí el ruido de
la llave y Pía que entraba con mi bolso, mis pertenecías y una carta en su
mano.
Se acercó al sillón
donde estaba tirada, tapada con una manta y me extendió el sobre donde
claramente reconocí la letra. Como era de esperar en ella, me dejo sola para
poder leer con tranquilidad lo que decía…
Mis manos temblaban
y con cuidado sin romper su borde superior la abrí, donde con letra perfecta y clara
expresaba…
Fátima, amor mío:
Hubiese querido
que el viaje fuera de otra manera, consensuado por ambos y no de la
forma en que nos dejamos, vacíos de palabras y de entendimiento por ambos.
Soy responsable de mis actos y por eso debo aclarar
esta situación planteada, que se que va a terminar en buenos términos, después
de este viaje. Solo quisiera saber si me
estarás esperando para hablar, pues nos debemos una charla, larga, madura y
donde los dos no nos lastimemos.
Me duele regresar a tu departamento y no encontrarte,
no saber nada de ti,¡ No me apartes de tu vida.!
Te quiero con toda mi alma y sabes que no quiero
hacerte daño.
Regresaré pronto.
Te amo.
Federico
Pía se tomo su tiempo y cuando regreso, le extendí mi mano con la carta,
para que fuera leída por ella. Esta vez no dijo nada, solo me abrazó, me dejo
llorar y sus palabras calmaron mi angustia en una reflexión…
—Ten fe
amiga, todo se va a solucionar, ese hombre realmente te ama y esta a las claras
que vos también.
Consideré oportuno volver a mi departamento al día siguiente, no porque
ya no quería encontrarme con él; sabiendo que estaba de viaje no regresaría,
solo que extrañaba mi lugar. Su placad estaba intacto, nada se había movido ni
sacado de su lugar, aún tenía en mis sábanas el aroma a su perfume y mis rincones ya no eran míos sino imágenes
fantasmas de su presencia que entristecían su partida.
Pase varias semanas con escasas noticias, de tanto en tanto, aparecía un mail de él
contando la situación reinante en Egipto, pero ningún comentario del motivo de
su <<supuesto>> viaje. Lo que me dejaba triste y desilusionada.
Me enfoque en el trabajo para ocupar mi cabeza en otra cosa. Alejo, ya
no ajeno a la situación quería tratar de suplir mi tristeza con invitaciones a
almuerzos y bares luego del trabajo y hasta un día se me presento junto con
Felipe y Pía con unas entradas para ir al cine.
Una noche que me resistí a otro
encuentro de amigos, tragos y vida nocturna, llegue temprano al departamento,
destape una cerveza, luego preparé mi baño con sales y seleccioné el mejor
camisón de seda que le gustaba a él. Repase con mis ojos y manos, cada una de sus prendas, el aroma, la selección de cada una de ellas y mis
pensamientos se deleitaban con su figura envuelta en ellas, me trasportaron a
un millón de imágenes placenteras. Entre sorbo y sorbo, con mi música favorita
a niveles óptimos de potencia, me
trasladaba a recuerdos y vivencias únicas junto a él, realizando una danza o
baile según mi imaginación. Quería enterrarme en la espuma y perderme, recordar
cada caricia, cada roce de sus dedos en mi piel, sensaciones que manifestaban mi cuerpo con solo su presencia a corta distancia.
Luego de un largo rato, ya arrugada y con el agua tibia, me dispuse a salir de
la bañera donde noté que mi cuerpo flojo y algo aturdido por los efectos del
alcohol, me hacían tener una sonrisa permanente en el espejo, donde observaba
mi aspecto. Consideré picar algo de
comida que había dejado en la heladera, sin ser gran cosa y fui por mi segunda botella. Me coloque las
prendas interiores haciendo juego con el camisón preferido de Victoria’s Secret color blanco traslúcido,
largo, con sugestivos detalles de encaje y me coloqué el perfume que tanto le gustaba.
En una mirada de reojo vi mi celular con la cara de Pía, que había
estado mandando mensajes y llamadas incesantemente, que por la música y mi
ensoñación no percibí. También había llamadas de Alejo y Felipe que estaban
juntos. Era evidente que los tenía preocupados, cuando consideré oportuno
llamarla para tranquilizarla…
Sentía que mi cabeza se elevaba con cada paso que realizaba y cuando
llegue al teléfono arrastrando las palabras dije muy sonriente y animada…
—¡¡¡¡Holaaaaaaaaaa
amiiiiiigggggaaa querida!!! Que sucede que hay tantas llamadas y mensajes, ¿con
quién la estas pasando genial y me quieres contar?
—Fátima¿
qué te ocurre?, ¿estás sola?—pregunto sorprendida por el entusiasmo
que presentaba mi voz y lo jocosa que se me sentía.
—¡Estoy
yo y mis recuerdos!, ¿te parece poco?, estoy en una fiesta súper privada.
Mis respuestas y tono de voz sorprendieron mucho a Pía, sabía que no era de actuar así y que algo
ocurría.
—Fátima
no te escucho bien,¿ estás borracha?... ¡Vamos para tu departamento!.
—Pero
amiga… ¡no te digo que la estoy pasándola genial…! Tú continúa divirtiéndote
que yo estoy bomba en mi fiesta del recuerdo. ¡¡¡Hola!!! ¡¡¡Hola!!!,
bueno podrías haberme dicho hasta luego, hasta pronto…Parece que en este país
se perdieron los buenos modales, uno se va a Egipto y me deja sola sin
explicaciones reales y la otra llama y después no se despide…Al carajo con
todos y seguí en la tuya Fátima que lo único que no tuviste en cuenta para
cerrar la noche es un buen consolador.
En unos pocos minutos tocaban el timbre
con insistencia para poder ser escuchado por la música a todo volumen…
desde adentro mi voz sonaba en busca de las llaves sin soltar mi copa en la mano…
—¡¡¡¡Ya
va, ya va!!!!¿ Quién es?—Continuaba arrastrando mis palabras.
—Nosotros,
¡¡abre por favor!!—Decía Pía.
—¿Y quiénes
<<son nosotros>>? Tengo que estar adivinando de quien se trata ¿o
<<nosotros>> ¿implica el bar entero?— Pregunté con
risas… porque era gracioso como se
me dificultaba introducir las llaves en la cerradura por mi estado. Con
cierto obstáculo abrí la puerta y con
los brazos abiertos expresé con alegría su llegada.
—¡Aquí
están mis tres mosqueteros que se suman a mi fiesta!—Cuando me ve
Pía, con cara de asombro exclama.
—¡Oh
Dios! Lo que me imaginaba… estas tomando…
Inmediatamente me sumé a los comentarios sobre mi aspecto que risueños
acotaban Alejo y Felipe…
—Menos
mal que la fiesta es privada porque así vestida estas muy provocativa —dijo
Alejo dándome un beso en la mejilla y acariciando mi rostro con su mano.
—Guau,
guau, guau, si así estas sola y con este perfume ¿qué te pones cuando estas con
alguien en la intimidad?¡¡¡ Estas preciosa!!! —Expresó Felipe
tomando mi mano y haciéndome girar con su brazo en alto sobre mí para apreciar mi figura
completa, lo que me llevó a perder el equilibrio total y entre carcajadas me
tomó entre sus brazos.
—Eres
todo un caballero— le di un beso en la boca por el piropo expresado. —Felipe con total cara de felicidad
y por mi aliento argumento mirando al resto…
—Creo
que tiene encima más de la cuenta…
Pía se dirigió a la cocina y viendo las botellas vacías arriba de la mesada las
levantó en alto y dijo…
— ¡Esto
te da una respuesta!
—Hay
hermosa hermana mía ¿qué ocurre? ¿Cómo podemos ayudarte?…
Y dirigiéndome a la cocina y
sacando vasos comencé a ofrecer todo
tipo de bebidas que de inmediato tuvieron una reacción en cadena, contestando los tres a la vez…
—¡¡NO!!¡¡
Basta!!
—¡Pero
que aguafiestas que están!, vinieron de
mal humor porque se les cerró el boliche… aquí no me vengan con pálidas, que yo
estoy de lo mejor…
Cuando me dirigí hacia Felipe me colgué de sus hombros y comenté a
todos.
—Creo que ya
encontré lo que me faltaba…— Mi cara picara provocaba a los hombres
para mi lengua se soltara.
— ¡¿Y?
que te faltaba dijo Alejo!—en tono risueño,—debo de reconocer que como no es
común verla así me causa mucha gracia, me divierte mucho.
Con cara azorada conociéndome y temiendo
lo que iba a decir.... se adelantó Pía…
— Por favor no
lo digas….
—¡Hay amiga cuanto me conoces, cuanto me conoces! …—y
mirando a los ojos de Felipe, se me estaba por escapar de mi verborragica boca,
cuando Pía me la tapa con dos ibuprofeno
y un vaso de agua que provocaron mi atoro y mayor risa.
—La desconozco,
jamás la había visto así—acusó Felipe mirando mi inestabilidad y con una
sonrisa muy divertida.
— Te propongo
que nos sentemos en el sillón y nos relajemos un poquito, te calmes y nos
cuentes porque hiciste esto que es raro en ti. —Sujetándome por
la cintura Felipe y retirando mi pelo aún húmedo de mi cara y llevándome para
ponerme más cómoda.
—No, no, no…. —intenté
pararme y fue inútil el acto. — Creo que tienes razón estoy algo
mareada.
—¿Qué te pasa Fátima, no puedo verte
así, esta no eres tú? —dijo Pía con una voz triste mirándome a los ojos.
Y como es costumbre en cada borrachera después de la euforia viene la
tristeza o la reflexión. Comencé a explicar mi estado, un relato que plasmaba real dimensión de la angustia
que tenía…
… ya no tengo ganas de lidiar con gente que hace reclamos innecesarios
por abandonos sufridos en el pasado. Vivir de recuerdos me estanca, me
paraliza, me detiene. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados
de cargos de poder, títulos que quieren adjudicarse en una sociedad donde
parece que existís si tenés un nombre o un apellido y no se te considera por tu
esencia. Quiero atreverme a
decirle adiós al pasado y animarme a vivir el presente feliz y apostar
a un futuro que hasta hace poco, creía lleno de proyectos y vivencias hermosas.
Tengo miedo haberlo perdido cuando lo tenía. Se requiere firmeza y
responsabilidad para planificar el futuro y no lo quiero hacer sola…—Comenzaron
a caer sobre mi mejilla lágrimas, que trataba de contener con el dorso de mi
mano. —Para armar el futuro se necesitan cambios y esos cambios demuestran la
desnudez de mis miedos y transitar por aguas desconocidas a nadie le agradan, pero de eso se trata la
vida. De desafíos, de combatir los obstáculos y aprender de las experiencias
positivas y negativas. Debo asumir que estoy pasando por ellas y que me estoy
encontrando con la realidad y enfrentarla. Estoy dispuesta a recuperar a ese
hombre que culpé, desacredité y desconfié, pero necesito ayuda, pues mi mente
es un torbellino de sensaciones encontradas. Debo sacarme los prejuicios de
pensar que soy víctima de engaños, porque si no lo resuelvo es cómodo y es la
excusa perfecta para echarle la culpa al otro, cuando es uno quien tiene el
deber de resolverlo para encontrar la felicidad. Tengo miedo haber perdido a
ese hombre y el encontrarme de pronto con su ausencia, me hace cometer errores,
sentirme impotente, débil, sin razonamiento, con dolor por su desamparo, otra vez el
abandono está presente en mi vida. Por momentos caigo en la resignación que no
es para nada mi aliada y termino vencida pensando que tal vez ese es mi destino, ¡ser abandonada!. Eso es todo… o tal vez es lo mucho que me pasa.
Se apoderó un silencio en la sala donde todos quedaron extasiados ante
semejante confesión…
—Creo
que tenés muy elaborado lo que te sucede, perdón por subestimar tu coraje para
decirlo. Tienes que ser valiente para reconocer parte de la culpa y el estado,
en una situación como esta—argumento Felipe.
Pía se sentó, me dio un fuerte abrazo diciéndome al oído…
—Cuenta conmigo
querida amiga, recuerda que no estás sola y te dije que con fe todo se
soluciona. Nadie te abandona, estamos aquí para cuidarte.
Alejo, por su parte, se arrodillo frente a mi y me tomó de las manos besándolas y guiñando
un ojo dijo…
—Jamás
te dejé, te cuido y te seguiré cuidando…y te aseguro que ese hombre al que
piensas que te abandono es el encargado de cuidarte este último tiempo mucho
más que nosotros. No desconfíes de sus actos.
Desperté en el sillón tapada con una manta abrazada a Felipe. Aún el
dormía y al quererme incorporar note los resabios de una noche completa de
alcohol en mi cabeza. El resto se había ido a sus respectivos trabajos dejando
una nota sobre la mesa. Habían considerado oportuno no dejarme sola y Felipe no
tenía hospital en todo el día y podía sortear el consultorio lo que ayudó a mi
recuperación en compañía de mi gran amigo.
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