30 de julio de 2016

Epilogo

Epílogo


—Mmmmmmm, que peligro esa cabeza,  está muy pensativa… ¡algo ocurre!. — Dijo Federico mirando la actitud de Fátima frente al gran ventanal.
En la cocina, donde preparaba el desayuno; la luz del día emergía con brillo ardiente y se reflejaba  un cielo cálido. Lo dice la mañana, lo dicen las voces de los pájaros, ya es primavera. Continúo envuelta en sus pensamientos sin percibir su presencia…
— ¿Algún problema?— Ya con su gesto y tono de preocupación, tomándola de la cintura por la espalda.
— ¡Oh, no! Para nada perdóname, no te escuche.
— ¡Si lo noté…! ¿Qué es lo que te preocupa, que te tiene tan atrapada y concentrada en tus pensamientos?
— ¡Nada en especial…! Solo que hoy me desperté con muchas imágenes en mi cabeza y mientras realizaba el desayuno pensaba en ello…
— ¿Y puedo saber que son esos pensamientos que tienen tan ocupada a mi mujer?
A simple vista nada sucedía, pero todo lo vivido me estremecía al recordarlo. Todo estaba en mi interior. Todo cuanto tengo ahora es real y auténtico. No estoy soñando. Soy testigo de mi nuevo nacimiento junto con los brotes, hojas tiernas y olores frescos de esta nueva primavera. Que no es la misma de siempre. ¿Puede una primavera ser igual a la que pasó? ¿Si somos nosotros los mismos que el año pasado?
¡No!..., hacía un año atrás emprendía un viaje lleno de experiencias y recorridos que habían cambiado mi vida radicalmente. Desperté esa mañana  con una voz interior que me decía: tú eres la única verdad de tu vida, tú conduces tu propio destino. Tu sola puedes curar el dolor de las heridas del pasado y disfrutar el maravilloso futuro que se te presenta. Pero a su vez ese pensamiento esperanzador  y lleno de expectativas, me ponía nostálgica.
En simples palabras le conté el motivo de mi inquietud, de mis pensamientos y reflexiones de esa mañana a Federico. Por alguna razón extraña estaba melancólica y reflexionando sobre el pasado y el presente.
No duró mucho mi estado porque me contagie de su risa curadora, cautivada por  su dulzura,  me dejé llevar por las alegrías de sus encantos con palabras aduladoras. En su compañía todo era diferente. El despertar y tenerlo todos los días era como un regalo para mis días. No tenía motivo para sentirme mal. Se rompían  los silencios,  no existían más los fantasmas  del abandono y aprendí a escuchar la música de nuestros corazones.                                                                        
La vida se abría ante nosotros como flor, ante un camino de esperanza futura, porque juntos descubríamos  el amor día a día, porque por primera vez, sentía que tenía a mi lado al hombre  perfecto.  Este hombre que  vino por mí, que está a mi lado y que cambia mis mañanas. Mi cuento de hadas se estaba escribiendo con las páginas de mis días. Soy la  responsable de armar mi propia felicidad. Su espíritu y energía me contagia.
Tengo un sentimiento pleno que me hace reír, llorar, bailar y volverme a sentir niña, para sentirme cuidada y querida entre sus brazos.  Es mío mientras mi corazón siga latiendo.
 Con su voz tierna luego de haberme escuchado  atentamente  abrazándome fuertemente dijo…
—El futuro nos pertenece y de nosotros depende hacer de nuestras vidas un camino lleno de alegrías, proyectar juntos y lograr que se concreten nuestros sueños. No te atormentes con el pasado. El problema es que pensamos demasiado en lo que pasó, cuando lo importante es lo que está pasando. Vive el presente, el hoy, que promete ser hermoso. —Y me abrazo fuerte con sus brazos protectores y me dio un beso apasionado, donde comenzamos con caricias interminables llenas de pasión, que me hacían estar en el mejor de los mundos. — ¿Qué te parece si desayunamos que ambos llegaremos tarde al trabajo si continuamos con este juego de seducción?...
— ¡Oh!... si perdón, ya te sirvo café…—argumenté saliendo de mi ensoñación de pensamiento ante la imaginación del futuro que se proyectaba en mi mente y las sensaciones que causaba la presencia de este hombre en mí.
—Una pregunta quiero hacerte Fáti…
— ¡Sí! ¿Cuál? —Respondí con soltura sin pensar el tenor de la misma.
— ¿Aún tienes miedo ser madre?
Su pregunta tan directa y en estas circunstancias me hicieron temblar y mis manos demostraron la torpeza quemándome con el café que estaba sirviendo…
— ¡Uhmm pobrecita, te descoloqué y te hice quemar…! perdóname—Se acercó tomando mi mano para calmar el ardor que tenía en ella.
— ¡No te estoy presionando…! Solo quiero que no tengas miedo, que estoy a tu lado y   preparado para afrontar lo que suceda — Besa mi mano, que aún me dolía por la infusión caliente y abrazando aún más mis contornos, apoya su cara en mi cabello y dice en tono sugestivo y casi  ronroneando.

En nuestro futuro lleno de alegrías y  proyectos, cuando hablo de afrontar lo que suceda, es porque me gustaría  ver chupetes, biberones, pañales; pequeños corriendo por todas partes en una gran casa con parque, porque eso será parte de  disfrutar de nuestros momentos felices. Compartir cosas simples, desafíos que están por venir y disfrutarlos con
intensidad. Eso será quitarte  los miedos descubriendo lo maravillosa que sos como mujer, esposa y madre.
— ¡Guaaaauuu Fede!... es mucho lo que decís, y creo que estas poniendo mucha presión y describiendo a una persona que ni yo  me veo con esas  cualidades. Sé que mi vida cambio en estos últimos meses y eso te lo debo a ti. Mis pesadillas ya no existen, pero no quiere decir que estén resueltos mis fantasmas… Debo reconocerte que esta experiencia de vivir juntos es maravillosa y eres el responsable de los cambios en mi vida…
— ¡No, No, no!...Yo no hice nada bonita, vos descubriste cosas nuevas en mí que hasta yo desconocía y esos miedos los eliminaste con tu dulzura y tu gran poder de adaptación. No te quites mérito.  Vos fuiste la responsable de ponerle música a mis días y con tu  espontaneidad me mostraste un mundo diferente, donde  me demostraste que todo es posible… deje de ser ese hombre acartonado, formal y serio para reírme de mi mismo. ¡Con vos conocí el amor!—Susurra por detrás de mí… con su voz seductora dibuja una sonrisa en mis labios.
—Te tengo aquí, todos los días, te disfruto y ya no hay distancias, ni lejanos encuentros para amarnos, ni lugares hostiles que nos separen,  sos mía por siempre y nada nos impide ser felices.
Fue toda una declaración  para mis oídos. Sonaba como la mejor música y el mejor de los proyectos, con un hermoso porvenir donde nada faltaba y tenía el mejor de los condimentos… el amor.


Fin



Capítulo 27

Capítulo 27

No había tenido una semana muy productiva. Problemas en el trabajo, reuniones inesperadas   hasta altas horas de la tarde, clientes  y proveedores  insatisfechos por no llegar los productos y entregas en tiempo y forma. A eso se le sumaba mi estado general de salud que no era del todo satisfactorio. En las últimas semanas presentaba un desorden alimenticio que me había llevado a bajar de peso y no recuperar mi energía. Aunque estaba mejor que antes, la situación con Federico me tenía intranquila y por ello mi ánimo no era de los mejores.
Felipe al verme, insistía que concurriera a la clínica para realizarme un chequeo médico, cosa que me negaba y trataba de evadir la propuesta en cada encuentro.
—Bueno si no logro llevarte a la clínica para controlar tu salud ¿puedo llevarte a almorzar y comer como Dios manda?—Dijo por teléfono vencido de no aceptar su primer plan.
—Nos vemos a las 12,30 hs.—Respondí sin vueltas.
—Ok! Te paso a buscar por la oficina.
Fue puntual y consideró oportuno por el día hermoso que se presentaba disfrutar de  ir a orillas del rio, donde había un buen  surtido de comidas  a elección con muy buena gastronomía. Con mi carta en mano y deleitándome del ambiente cálido, al llegar el mozo ordené una ensalada de la casa con muy ricos ingredientes. Lo que de inmediato fui silenciada por Felipe y dándole un nuevo pedido dijo…
—Perdón mozo…—Hizo una pausa y mirándome  a los ojos… —¿Me permites ordenar por ti?
—¡Adelante! —dije confiada.
—Retire la ensalada de la señorita y tráigale un plato de arrollados Thai de pollo con arroz, hierbas y vegetales, para mí un zapallo asado con tiras de cordero; de postre para la señorita arroz con leche y para mi  ganache de chocolate blanco y maracuyá, para beber agua mineral, soda y una copa de Single Vineyard Fincas Notables.
—¿Gustan alguna entrada para compartir? —ofreció el mozo con amabilidad.
—¿Tienes pensado invitar a alguien más? —Dije risueña por la cantidad.
—Entonces tráigame solo a mí, una copa de aperitivo de Gignolet Cooler con naranja ¡por favor!, gracias.
Se retira el mozo con la orden y quedo  mirándolo con una sonrisa socarrona y me acerco lo más posible a su rostro…
—¿Tu piensas que voy a comer todo lo que pediste y luego ir a trabajar?¿ Te di la impresión de desnutrida?
                                                      
—Desnutrida no, pero no estás comiendo bien y una ensalada no es un plato que te de energías o que te alimente, volviste a perder peso con facilidad y esos no es común, por eso insisto en el chequeo. No creas que es de caprichoso. Pedí todo junto para no ser interrumpidos, tengo muchas cosas que hablar contigo.—Dijo, claro y seguro como dominando la situación.
 Bueno y ahora pasemos algo más interesante y cuéntame cómo van esas relaciones que estoy casi seguro con son la causa de tu estado…
Transcurrió todo el almuerzo sacando un tema y otro, era sumamente agradable estar con él y nos conocíamos de  tantas años que no teníamos dificultad hasta de opinar y reírnos de nosotros mismos. Me ayudó mucho  plantear la  situación  actual con Federico a la distancia y  escuchar su punto de vista como hombre, lo que confirmaba que debía ser paciente y no adelantarme a los hechos.
Ante la aproximación y su posterior sonrisa de Felipe reparé a la persona que le estaba dirigido el saludo que en breve estaba al lado de nuestra mesa.
—Hola Fernando ¿cómo estás?¡ Hacía mucho que no te veía!.
—Bien Felipe… y ustedes veo que no  la están pasando nada mal.
—Acompáñanos, ¿te pido  una copa de vino?—llamó al mozo mientras Fernando se acomodaba en la silla desocupada que estaba a mi lado.
El había tenido una reunión de trabajo y había venido a comer con una delegación de japoneses. Luego de un intercambio fluido de conversaciones Fernando corriendo la silla y saludando con la mano a Felipe se despide y me da un beso en la mejilla  acotándome como aviso…
— Te llamo luego porque quiero hablar contigo.—Respondí afirmativamente y se fue.
—Que buen tipo me resulta este… siempre correcto—argumento Felipe.
Pero mi cabeza había quedado ocupada con su despedida —quiero hablar contigo— ¿ de qué? ¿Qué  novedades tenía …? ¿sería algo con respecto a Federico? Debía esperar, no me quedaba otra.
La propuesta de Fernando me sorprendió y no tenía nada que ver con Federico.
Su invitación para concurrir a un evento de la embajada me dejo sorprendida. No concebía una reunión, fiesta o evento sin Federico y no sabía cómo decirle que su ofrecimiento me había resultado de mal gusto, desacertado. Consideré oportuno charlarlo con Pía y la invite  para que pasara la noche  en mi departamento. Por  alguna razón estaba enfurecida.
—Fátima no puedo creer lo que me cuentas, tú tienes ofrecimientos por todas partes y yo no tengo ni un cumpleaños a la vista. —Enojada más por la oportunidad que se me brindaba de ir a un evento en la Estancia Villa María y encontrarle peros, que lo que realmente me resultaba preocupante… Una invitación de Fernando en el ambiente donde me habían visto con Federico.
—¡Pía por favor! olvídate del tipo de evento y enfócate en esto… No creo que deba concurrir con él a tal evento, soy la pareja de su amigo, <<o creo creer que todavía lo soy>>; —Dije pensativa —no me puedo presentar con él en esta fiesta de gala.
—¿Porque no?, que tiene de malo si ya todos te conocen…
—¡Pero con Federico, no con él!, hablándote en criollo van a pensar que cambie de monta y no es nada parecido a eso— dije furiosa.
—Con más razón, yo no veo nada de malo, es una oportunidad única y debes estar presente, es él que  se pierde la oportunidad,  es tu novio,  no vos…
—Me enfurece hablar contigo cuando hablas de ese modo, donde solo te interesa la oportunidad y no la consecuencia.
—¿Cual consecuencia?,¿ te interesa el amigo? ¿te vas a acostar con él?
—¡NO, NO! Pía, no seas ridícula—dije enojada.
—¿Entonces? Que tiene de malo…
Sonó mi celular y a disgusto fui a  atenderlo cuando en la pantalla vi que era Ana…
—¿Hola Ana como estas? —hablaba justamente si concurriría a ese evento que me había invitado Fernando y con recelo conteste.
—No lo sé Ana, no estoy de humor para ese tipo de  fiestas y te soy sincera  a ti no te  puedo mentir, no me veo cómoda en ir con Fernando, entiéndeme  es un divino, pero no me parece acertado.
Ella  continuaba hablando, dándome explicaciones del  motivo de su invitación… Luego de una charla extensa y con argumentos muy válidos dije…
—Bueno tal vez, tienes razón… pero… —no me dejo terminar la frase que dio por hecho que iría para acompañarla a ella, que sería la primera vez que iría a estas reuniones, no conociendo a  nadie del ambiente.
—¿Y?—Dijo Pía esperando una respuesta.
—Me puso entre la espada y la pared con su argumento—dije vencida tirándome en el sillón donde se encontraba ella.
—¡Bien! Bien! Bien! —exclamaba Pía  con entusiasmo.
—No sé porque te pones tan contenta— dije arqueando una ceja.
—¡Porque si no lo disfrutas tú!¡ yo sí!... en verte bella, cambiar la cara y seleccionar el atuendo para la ocasión. Ir de compras y preparar esta hermosa mujer para ese evento— dijo abrazándome.
—¡Cada vez estas más loca…! Y resople poniendo mis ojos en blanco.                                                        
—Espérame, seguiremos hablando de los detalles luego de ir al baño…
Y se marcho dejando su celular en el sillón donde a los pocos minutos, un mensaje a la vista se registraba con el nombre de Fernando…
Mi cara fue de asombro total, no me animé a tomarlo y ver que decía porque escuche el ruido de sus tacos que se acercaban, pero con disimulo me levanté a preparar café… —no le sacaba los ojos de encima para apreciar su rostro ante el mensaje, cuando me pregunté ¿De qué se trataba?¿Porque Fernando se comunicaba con ella? ¿A que estaba jugando?¿ Porqué su alegría para que yo concurriera?
—Te sonó el celular… —dije en tono descuidado—ella miro la pantalla vio su mensaje y con una sonrisa lo dejo en un costado sin darle mayor importancia. No hizo ningún comentario.
—¿Todo bien?—dije esperando una explicación, a lo que solo recibí una corta respuesta dejándome aún más confundida.
—¡¡¡¡Genial!!!!
En la semana nos habíamos dado cita para ir al shopping y comprar algo para la fiesta,  aunque no estaba muy de acuerdo.
—Pía no sé porque insistes en que tengo que lucir despampanante y comprarme algo cuando el vestido azul o el negro que tengo en el vestidor pueden ir perfectamente para esta ocasión…—dije como abatida por no tener voluntad de comprarme algo para lucir en esas circunstancias.
—Fátima, no tengo oportunidad de ir a esas reuniones y menos en una ocasión tan especial con estadía paga en  la Estancia Villa María en Máximo Paz, creo que te irían buenísimos los vestidos que propones, pero debes estar radiante, olvídate de todo y disfruta por favor, aprovecha la oportunidad que se te presenta, cambiar de aire, será bueno. —Y no podía resistir al entusiasmo que mostraba  como si fuera ella la que asistiera.
El jueves concurrí a la peluquería donde fue completo mi arreglo, no solo el cabello lucía de maravilla con un tratamiento especial sino que mis manos y mis pies estaba delicadamente arreglados y pintados con  un color blanco transparente acorde al  vestido seleccionado para el momento.
El sábado  me pasaría a buscar en horas del mediodía Fernando, para alojarnos en la estancia donde teníamos reservada la estadía completa. Era un día esplendido, luminoso y la temperatura era sumamente cálida para la época en que nos encontrábamos.  Abrí la ventanilla  y respiré el aroma de los árboles de la zona y el aire cálido. Estaba sumamente nerviosa, aunque lo disimulaba de maravilla y recordaba las palabras de Pía, ¡disfruta la oportunidad que se te presenta ¡Pero había algo que debía reconocer…  me intrigaba mucho de que se trataba todo esto. Transcurrió el viaje con conversaciones de todo tipo, pero cuando entraba en los detalles del evento de la noche, sorteaba con disimulo la preguntas  que le realizaba con una respuesta poco clara.
                                                                      
Al llegar a la hermosa zona  donde se encontraba el hotel un silencio profundo, con un entorno soñado, se podía divisar en todo su esplendor. A lo lejos la carpa en medio del jardín junto al lago, música que estaba comenzando a sonar en un  contexto sereno, templado y prometedor. Nos encontramos con otra gente amiga conocida de la Embajada, gente saludándonos como en completa complicidad. Algunos   realizaban  paseos  en sulky  recorriendo  toda la estancia,  que era parte del  servicio de estadía. Todo tenía otro resplandor. Otro clima. Un aire curador que nos rozaba la cara borrando arrugas, desplegando sonrisas y hacía desaparecer todo rastro de estrés, trabajo o rutina. La estancia Villa María era una casona que comprende 655 hectáreas  con un patrimonio paisajístico y arquitectónico único. Se consolida como unos de los emprendimientos residenciales más exclusivos de la Argentina. Su casco se reinauguró como hotel de lujo con  exclusivas suites y un restaurant gourmet, un salón privado, bar, cava de vinos, sala de habanos y billar. El interior se prolonga hacia el parque a través de galerías y terrazas que unen la majestuosa arquitectura del hotel con los impactantes 74 hectáreas  de parques diseñadas en 1917 por el reconocido paisajista Benito Carrasco. Los árboles de altos volúmenes y el colorido cambiante de las diferentes especies  traídos por la pequeña brisa, parecían realizar una danza  clásica en  un marco excepcional. Todo se encontraba  preparado para el acontecimiento que ocurriría entrada la noche.
Me inquietaba al llegar a la recepción y saber como estábamos registrados y deje que Fernando  realizara los trámites pertinentes, sin  ceder de estar a su lado.
—Buenas tardes—dijo al empleado.
—Buenas tardes señor, ¿en que lo puedo ayudar?
—Tenemos unas reservaciones a nombre la señorita Fátima Flores Heredia y Fernando Aquino Otegui.
—Un momento por favor— Y noté que mi respiración volvía a su rimo lento y tranquilo… a su  normalidad, cuando me pregunta…
—¿Qué te parece el lugar?, ¿ Lo conocías? —Comentó  Fernando, ante mi mirada de asombro.
—¡No! es magnífico ,un emblema de elegancia y buen gusto.
—¡Si! aquí tengo sus reservas necesito una firma de ambos  y   estas son las llaves de la  habitación  Máster Suite de la señorita y  las suyas señor—dijo el empleado.
En uno de los pasillos me encontré con Ana que se la veía enloquecida por el entorno donde nos encontrábamos… disfrutando cada área con sus grandes ojos.
—Te invito un té en la galería, ¿no te parece de ensueño este lugar?— queriendo contagiar  su entusiasmo.
—Ya lo creo Ana, es bellísimo— cuando expresó…
—Fátima, perdóname por decirte esto, no soy quien, pero desde que se  te realizó esta invitación te veo tensa, sin disfrutar el momento y así no eres tú. Deja que el momento, el lugar y los acontecimientos te lleven… no estudies tanto la situación y disfruta con intensidad, ¡relájate mujer! ¡ está todo bien!
— ¡Si, seguro, seguro!— Contesté con un hilo de voz.
Comenzó a caer la tarde y nos dirigimos cada uno a su cuarto para arreglarnos con la ropa adecuada a las circunstancias. Cuando entré a la habitación, los grandes cortinados en tono amarillo con su carpintería blanca, la vista de los ventanales a los grandes jardines y su gran cama con dosel, me llevaron a ser protagonista de un cuento de hadas. Me tiré en la gran cama con los brazos abiertos mirando el techo y añorando la presencia de alguien que muy lejos estaba de ese entorno. Consideré que como tenía tiempo, darme un baño completo con sales y prestarle sumo cuidado a mi cabello. Lo llevaría recogido en un chignon  abultado, caído, con algunos mechones en mi rostro en  forma descontracturada como me había explicado con sumo cuidado Pía. El vestido era de satén de seda natural color gris plata, de una caída elegante  en su parte inferior, resaltando mi figura. El detalle más relevante  del diseño, muy original, era en su orilla superior, de aproximadamente 10 centímetros, pequeñas  perlitas perfectamente alineadas, del mismo tono,  que comenzaban como un bretel  desde cuello, rodeando por fuera mi busto mediano y marcando mas mis relieves, cruzándose en el bajo busto con un trazo como de ochos encontrados que terminaban uniéndose en la parte trasera a la altura de la cintura,  dejando mi espalda totalmente al descubierto. Me parecía algo provocativo. Había sido del gusto de Pía pues yo hubiese elegido algo más sencillo, sin que llamara tanto la atención, aunque debía reconocer que era sumamente elegante y distinguido. Lo acompañaba con unos zapatos color plata con un Clark haciendo juego.  Cuando termine de maquillarme y colocarme el vestido suena el celular con un mensaje.
Pía
¿Y amiga? cómo va el arreglo ¡¡ debes estar lista, muéstrame!!
Consideré oportuno enviarle una foto de mi look completo por whatsapp, que respondió de inmediato.
Pía
Estas FABULOSA!!!!  IMPACTANTE!!!
¡!!Te faltan los aros!!!
A lo que le respondí…
Fátima
Voy a dejar cargando el celular, mañana te cuento como me fue …. Besos.
Ahhhh, y gracias por toda tu ayuda!!!!! Te quiero mucho!!!
 Le sume  un par de aros de colgar de platino con un detalle de perlas en la punta que había sido  regalo de mi padre  y que al vestido seleccionado quedaban de maravilla.
                                                                        
Escuche un golpe en la puerta y era Fernando que me pasaba a buscar por lo que consideré oportuno decirle que bajaría en media hora porque no estaba lista. Era una mentira piadosa, pero no quería entrar al salón de su brazo. Me sentía incómoda. Ya era fastidiosa la situación  de estar ahí. A lo que no ofreció resistencia a mi pedido  y dijo…
—No hay problema estaré abajo.
Si algo lo caracterizaba era su amabilidad y entendimiento. No podía pedir más, se había portado como un caballero, ahora solo había que sortear un obstáculo, las miradas al entrar al salón. Y pasada la media hora, como era de esperar, gente con el rabillo del ojo, con un saludo cómplice y otros sin reparo, miraban mi entrada, que con ojos altivos para guardar mi compostura, buscaba caras conocidas.
En un círculo de personas estaba Fernando, Andrés, Ana y mucho me sorprendió ver la imagen de Marcos y su mujer, que desde mi regreso  de Egipto no los veía. Intercambiamos varios  saludos amistosos y charlas entre todos,  mientras nos obsequiaban bocaditos de todo tipo   de sabores. En un momento de la noche, cuando la música se podía disfrutar en su volumen más alto, Fernando  tomándome de la mano, me condujo hasta un extremo del salón  y trasladándome a un rincón más privado, sin tantos ojos que nos observaban, continuó hablándome.
 Me extraño su actitud y de inmediato se puso hablar sobre un tema que había dejado a medias Marcos, pero no entendía su aislamiento del grupo… Cuando de repente sentí que alguien estaba muy pegado a mis espaldas. Respiro hondo, mis piernas comienzan a temblar cuando siento ese aroma inconfundible  junto al aura de su presencia. Quedo paralizada, percibo la proximidad de sus manos. Simultáneamente  cierro los ojos, rezando para no haber cometidos un error en haber elegido un vestido inapropiado, cuando oigo su dulce voz. Tomo aire y siento un dedo cálido en lo alto de la nuca. Lo desliza despacio por mi columna vertebral y un millar de escalofríos viajan por mis terminaciones nerviosas. Acaba en la base de mi columna  y siento el inconfundible rose de sus labios sobre mi piel que a continuación me expresan…
—¡¿No te parece que está muy expuesta  esta hermosa espalda  que tiene dueño?!
Mis ojos se clavaron en los de Fernando que con una sonrisa radiante dijo…
—¡Me disculpan!... pero mi misión está cumplida, disfruten la noche—me dio un beso en la mejilla y una palmada a esa persona con voz dulce y conocida.
Lentamente me di  vuelta y mis ojos ya estaban nublados por la emoción, mis piernas se habían aflojaba y me corría un frío por todo el cuerpo, producto de la sensación que me  producía su presencia… No podía respirar, me faltaba el aire…
—¡Estas bellísima! sorprendentemente hermosa—susurra con su voz dulce pero firme tomándome de la cintura y atrayéndome  hacía su boca, sonriendo y admirando mi figura continúa… —Me gusta muchísimo tu vestido.
Mi actitud provoca que dé un paso atrás y él coloca una de sus manos en el bolsillo. Se muerde el labio y comienza su mirada a recorrerme por entera con signos de aprobación.                                                                            
—¡Increíble!..., te recordaba bella pero esta imagen lo supera.—Agregaba sin sacar sus ojos de mi  figura.
Quede por un momento en silencio y mi cabeza comenzó a recapacitar sobre la situación…
 Lo miré a los ojos.
—Todo esto estaba preparado ¿no?, la intervención de Ana, los mensajes e invitación de Fernando,  la complicidad de Pía… solo yo era la que estaba ajena.
—No te enojes, me pareció la mejor manera de tenerte cuanto antes, llegue  hace unas horas, si no hubiese sido por ellos, no estaría disfrutando de tu presencia aquí y ahora. Sos consciente que eres la atracción de la reunión por tu magnifica y extraordinaria figura—dijo sirviéndose una  copa  de una mozo que nos ofrecía a la pasada, sus ojos estaban inyectados de placer mientras saboreaba su bebida.
—Preferiría ser más anónima y no estar tan expuesta—dije con un tono de tristeza y casi de enfado.
Nuevamente se acerca.  Un calor se apodera de mí y mis ojos van fijos a los de Federico. Estoy empezando a temblar. Me toma de la cintura. Sus manos rozan mi espalda, luego me desliza la palma de su mano por los hombros, me da un beso en mi mano  donde su próximo paso se abre a su invitación…
—¿Quieres bailar?—Sin esperar respuesta, entrelazamos  nuestros cuerpos,  que acompañaban  la música de fondo suave con la sensual voz de Lalah Hathaway en For Always .
—Eres increíblemente hermosa y hueles exquisita, adoro ese perfume, y fue una de las cosas que me ayudó a sobrellevar tu ausencia. ¿Lo sabías?—Acuso en susurros sobre mi oído.—Tus ojos están cargados de lágrimas y no me has dicho nada… ¿qué ocurre, sigues enojada?¿ Por qué no me hablas?... Me mata tu silencio.
Apoyo mi mejilla en su hombro. Comienza a bailar, envolviéndome con la firmeza de sus fuertes brazos y  embriagarme en su perfume masculino transportándome a la mejor de las sensaciones. Su respiración, el roce juguetón de sus manos sobre mi espalda, hacían erizar mi piel sin controlar mis sensaciones. Deslizo las manos por su espalda, cierro los ojos y mi cuerpo sigue sin ningún tipo de esfuerzo sus movimientos lentos y suaves.
—Lo siento— murmura a mi oído— Siento mucho haberte dejado sola, se lo que significa para ti otra huida, no creas que estoy ajeno a eso. Pero fue inevitable para estar aquí, ahora y libre.
Suspiro. Sé  que lo siente. Le doy un pequeño apretón. Es mi forma de decir sin palabras que lo entiendo. Estoy perdida. Atontada. Pero él está aquí.¿ Y Cómo es eso de libre?. Me pone un dedo bajo la barbilla y me levanta la cabeza.
—Dime algo por favor, tu silencio me vuelve loco.
—Perdóname,  debo reconocer que esto me sorprendió y me saco de mi eje, aunque debo reconocer que es maravillosa tu presencia y lo que armaste para estar juntos— dije con mis ojos inyectados en lágrimas.                                                                              
Me tapa mi boca y mis palabras con un beso dulce, se me cierran los párpados y mi respiración se vuelve irregular. No podía controlar mis emociones. Me sentía quebrantada. Lágrimas corrían por mi mejilla sin control alguno. Mi cuerpo manifestaba todo tipo de emociones, comenzaba a temblar sin poder controlar los espasmos.
— ¿Tienes frio?—Preguntó por las manifestaciones de mi  cuerpo.
—¡No! estoy bien…—como decirle que su presencia era la que me causaba escalofríos y mil efectos que no podía disimular. Había sido toda una conmoción encontrarme con él y mis sentidos me anulaban la razón, producto del magnetismo que ejercía su figura. Me encontraba totalmente vulnerable y con una sensibilidad extrema. No quería mirar sus sorprendentes ojos azules porque mi susceptibilidad hacía escapar  una lágrima por las sensaciones percibidas.
—¿Continúas enojada conmigo?—Quería besarlo, me parecía tan tierna su pregunta.
Me aprieta contra su pecho y me sujeta con una mano la zona lumbar y con la otra toma mi mano con fuerza mirándome a los ojos cuando me susurra…
—Sé que sufriste esta ausencia, estas más delgada, tu mirada no recupera el brillo de costumbre, pero no puedo negar que tú presencia me hace muy feliz, tenerte tan cerca es lo que me imaginaba una y mil veces en mi mente.
  Sin detener sus impulsos me llevó a una sala  íntima donde se podía observar una gran mesa de billar con tapete verde en el centro. En una de las paredes un gran tapiz de estilo renacentista y dos sillones de cuero color rojo. Un salón soberbio e íntimo.
—¿Te sientes mejor aquí…?; que estamos solos y lejos de las miradas curiosas. Mírame por favor, dime algo…
Cuando se acercó y se colocó frente a mí, vio que mis ojos estaban desbordados en lágrimas, que apenas me dejaban ver con claridad su rostro.
—¡Por Dios!..., no quiero verte sufrir, ya estoy aquí, pregúntame lo que quieras— me abrazo con toda su fuerza y dejo que llorara sobre su hombro mientras con sus manos acariciaba mi espalda en sinónimo de consuelo.
Permanecí  largo tiempo entre sus brazos sin emitir palabra y descargando mi llanto contenido.  Como empezar a contarle a este hombre la angustia que sentía  por no tenerlo, por no saber nada de él. Por sentirme abandonada nuevamente. No podía hablar, solo disfrutar su figura, su aroma, sus gestos, todo su ser. Me estaba demostrando en todo momento sus sentimientos y a cambio yo le respondía con mi silencio.
 Fue cuando él comenzó a relatar lo que sentía en este tiempo de alejamiento, de separación de ambos, lo sucedido, los motivos del viaje, su sensibilidad ante los hechos ocurridos, sin soltarme de sus brazos, continúo…                                                                 

—Hubo un día donde entraste en mi vida sin permiso. Pensé que tenía la vida controlada y hecha a mi gusto. Pero  te  apareciste con tu dulzura y tu sensibilidad. Todo cambio. Sin esperarlo comenzaste a meterte en mi corazón y nos enredamos en ese espasmo donde los latidos se aceleraban al vernos, al tocarnos. Siempre tenía las manos inquietas de deseo. Cuando creí que controlaba mis impulsos, me di cuenta que nada sabía de sentimientos. Mi cuerpo te llamaba a cada momento, tu presencia  desplegaba sensaciones nunca percibidas. Esta relación que ambos tenemos y que pretendo que perdure en el tiempo te pide que le des una nueva oportunidad, aquí, ahora, de volver a disfrutarnos con nuestra compañía y que juntos construyamos un futuro a nuestra medida, donde nuestros sueños se proyecten en el tiempo. Luego de lo ocurrido, no sé si podría vivir sin ti y te aseguro que los momentos que pasamos nos pusieron a prueba, y creo no equivocarme, a los dos. Pasamos por muchas etapas. En lo personal, pasé por el desafío de tenerte y que compartieras mi lugar, de perderte en un país a manos de extraños, de recuperarte y volverte a perder. Violencia, muerte y desolación. Compartimos días amándonos hasta el cansancio y luego esta partida inesperada que hoy nos trae hasta  aquí  y donde el silencio y tu angustia me atormentan.—Me toma  la cara con sus manos, acerca su boca rosando la mía y continúa…
—Cuando beso tu piel —y me da un beso en la mano.—Cuando miro tus ojos, mi mundo se paraliza y si tuviera que elegir  en este momento, elegiría  tus lágrimas, —y besa lentamente mis mejillas… continúa—porque están concebidas en tu corazón,  porque nacen en tus hermosos ojos—y los besa, — y se mueren aquí,  en tus labios. —Fue cuando acercó mi mentón y apoyó sus labios en los míos y me dio un beso tierno, dulce, vibrante y profundo.
—Me asustas con todo lo dicho Federico— le dije casi en un suspiro.
—Estas dispuesta a correr el riesgo de ¿intentarlo de nuevo?¿ Estas dispuesta a pasar el resto de los días juntos?¿ De permitirme hacerte feliz ?
—Debo preguntarlo…¡ aunque me duela Federico! ¿Dónde seríamos felices?
—Aquí en la Argentina, no hay más viajes, no hay más Embajada en Egipto, no hay más encuentros en países lejanos, ni separaciones abruptas, ya renuncié a todo aquello para empezar de nuevo aquí, contigo, si me lo permites y me acompañas.
—Es imposible lo que me estás diciendo—dije llorando con una leve sonrisa.
—¡No!... no bonita, esta separación tuvo un costo, soy consciente de ello, un costo de reordenar mi vida  y si me lo permites contigo. Nada es imposible, es arriesgada la experiencia, pero la razón me dice que  vale la pena intentarlo  y el corazón me dice a gritos que te necesita a mi lado, que lo intentemos nuevamente, ¿Qué te parece, asumir él desafío?¿ Estarías dispuesta a darnos una segunda oportunidad a nuestras vidas, juntos?
—¡Si, Si,! —y lo abrace lo más fuerte que puede y lo bese con tanta intensidad que no creí parar jamás, a tanto deseo. Noté que  su pecho se hinchaba de placer. Baja la cabeza de nuevo y observa mi rostro que toma con sus manos, cuando argumentó…
—Creí  que en tu silencio… me  anunciabas que había perdido.                                                                    
Nos dimos unos besos apasionados y nos acariciamos mutuamente como queriéndonos reconocer nuevamente. El limpiaba mis lágrimas con sus besos, que no lograba detener  y suspiraba infundiéndome solo  palabras de aliento y consuelo.
—Creo que la fiesta termino y quiero disfrutarte por completo—dijo mirándome con sus grandes ojos azules y una sonrisa cómplice que brotaba de  su hermosa boca.
Nos fuimos sin importar el evento en el que estábamos y cuando nos conducimos a la habitación comenzamos una danza de caricias y besos que me llevaron debajo del dosel y pesar en mi  propio cuento de hadas, cuando sin dejar de abrazarme y con su boca sobre mi cuello  me dice…
—Enamorarme de ti fue fácil, permanecer enamorado frente a todo, fue un desafío.
— Uhmmm, que complicado suena eso—dije acariciando su rostro.
—Pero dejarte  fue lo más difícil… —Y continuaba con besos detrás de mi oreja jugando con mi lunar.
—¡Si …! ¿Y?—le respondí.
—Vivir juntos el resto de nuestras vidas, es lo que te propongo, para completar esta felicidad que tengo.
—¡Va muy rápido señor! Por el día de hoy he tenido muchas sorpresas y no sé si pueda seguir asimilando más información—dije con ternura.
—No lo creo…  tienes una gran capacidad de razonamiento y de adaptación, pero debo hacerte una pregunta… Antes de tocar este hermoso cuerpo y seguir  besando estos labios—mirando con sus bellos ojos  mis contornos, continuó la frase…—Quiero estar el resto de mi vida en tu mente, en tus brazos y en tu corazón, porque te amo, porque te necesito y quiero que seas mi mujer ¿Quiero saber si tú me amas y si aceptas la propuesta?... porque aún no tengo una respuesta real de tu parte.
— Te amo Federico. Tu alejamiento me marcó a fuego, reafirmó mis sentimientos. Temía perderte. No concibo los días sin vos y estoy dispuesta al desafío de comenzar una vida juntos.
—¡Eres mía… y como dijo tu amigo turco… Eres mi diamante transformado en mujer… Me vuelves loco!.
—¿¡Cómo sabes que dijo esoooooooooooo!?
—Preciosa… deberás acostumbrarte a que no se me escapa nada.


Capitulo 26


Capítulo 26

El fin de semana ya estaba recuperada por haber podido decir lo que sentía, como si hubiese ido al mejor de los terapeutas, que sin duda lo eran, porque eran mis  mejores amigos. Desperté a la mañana con mil proyectos en la cabeza. Mientras desayunaba preparaba mi agenda y consideré conveniente  ir al Spa para recobrar energías y dedicarme a mi persona. En horas del mediodía y casi dispuesta a marcharme todo el día sonó el timbre y sospeché que eran los chicos, pues no habían tocado  el portero.  Atendí la puerta sin preguntar y me encontré con la imagen  de un hombre de ropa sport y cara conocida que me decía apoyado en el marco de la puerta…
—¿Me invitarías a pasar?
Mi asombro casi impedía mi respiración  y con un hilo de voz dije…
—¡Fernando!¿ que haces aquí?, pasa por favor—dejando paso a su figura dentro del gran living de mi departamento.
—¿Cómo estás?¿Cuándo regresaste?—Pregunté cómo sin importancia, pero no era así lo que sentía, no quería mostrar la ansiedad que me causaba su presencia. Al verlo mi corazón se me salía de mi pecho, porque de alguna manera era como estar con   una parte de Federico.
—Hoy muy temprano, me imagine que a esta hora te encontraría por eso no vine antes.
—¿Y a que se debe tu visita?, ¿venís como correo?— Pregunte con un tejo de ironía.
—Primero te quiero aclarar que Federico no sabe que vine a verte. No vengo de mensajero, solo vengo como amigo. Porque me considero amigo de los dos.
—Bueno eso es un problema, porque no podes estar en los dos bandos—dije con una sonrisa socarrona y ofreciéndole una copa.
—¿Cerveza, vino o champagne?... para recordar viejos tiempos.
—No es tu estilo ser irónica, tu perfil es dulce y componedor—dijo con una sonrisa y mirándome a los ojos.
Me sentí avergonzada pues  se estaba comportando  como un caballero y de mi parte solo recibía hostilidad. Consideré oportuno cambiar mi postura y ser cordial en el trato.
—¿Almorzaste? te puedo ofrecer…—No me dejo terminar la frase que dijo con simpatía…
— Solo un café, porque quiero que me escuches y no estés a la defensiva conmigo.
—Ofreciéndole una taza de expresso y sentándome en el sillón le dije…                                                        
—¡Te escucho!
Comenzó a remontarse en mi estadía en Egipto y el primer incidente cuando me fueron a buscar con Felipe. Debo reconocer que al principio escuchaba sus palabras con cierto fastidio cuando hizo referencia a mi estadía en Egipto, pero hubo un nombre en todo el relato que hizo que mi atención se enfocara a su narración mucho más atentamente. Nuevamente en esta situación aparecía el nombre del Príncipe…
— ¡Disculpa!... ¿cómo me dijiste que se llamaba  el Príncipe…?
—Príncipe Munir Kalar, el que te iría a buscar, si no te sacaban del refugio  Federico y Felipe, donde te tenían encerrada.
Mi mente comenzó a tomar un giro inexplicable, mi mente estaba abierta al diálogo y su relato empezaba a tener por primera vez un significado para mí. De inmediato a la asociación corte nuevamente su relato y…
— Perdona la interrupción, pero se me están aclarando las ideas, ¿es el mismo que estaba en el departamento  de Federico?
 —¡ Así es, el mismo! El mismo que Federico tuvo que hacer un trato para que no te tomara en su poder y pertenecieras a una de sus mujeres por el capricho de verte y tener tu documentación. Estando en Egipto  y pasando por lo que pasaste, como extranjera y soltera, estos hombres no tienen piedad y se creen que se pueden adueñar de uno como si nada. El dinero todo lo paga. Eso es lo que él trato de negociar. ¡Tu libertad ¡ ¿recuerdas? fuiste testigo cuando te entrego tus pertenencias en aquella caja dorada famosa, que todos quedaron sorprendidos  y felices, porque créeme las negociaciones diplomáticas para liberarte no fueron fáciles.
 En este viaje del Príncipe ante la situación reinante en Egipto, quería apretar a Federico y fuera  de los intentos de ambas Embajadas de aceptar sus peticiones, se instaló aquí para presionar más de cerca y lograr que su hija saliera del país, para tener una vida mejor y no corriera riesgos, ni  le pasaran facturas políticas que  está dejando marcadas en el país. Ese favor que quería cobrarse el príncipe, era que Federico se ocupara de instalar a su hija a su cargo, cosa que el aceptar, sería un compromiso encubierto y el no estaba de acuerdo en aceptar tal arreglo. Nunca lo aceptó ni lo aceptará.  Eso llevó días de reuniones, de explicaciones , pero no vencido, el Príncipe igual realizó su último intento de viajar hasta aquí y presionar a Federico, junto a su hija sacándola de Egipto, con el riesgo que eso implica. Hoy como amigo y a espaldas de Federico vengo a contarte esto, porque los quiero muchísimo a los dos y no quiero que se destruyan. En breve tendrás noticias de  de su regreso, pero me sentía muy mal si yo no te contaba en detalle lo sucedido. Porque sé que todo surgió como un mal entendido. Sabías que no me negarías una visita y posterior explicación.
 Su relato continuó y me dejó impactada su versión ya que como decía Pía, ahora sí,  estaban todas las fichas sobre la mesa y  podía entender la conducta  y el accionar de Federico.
                                                                  
Todo ocurrió en un clima distendido y como era habitual en nosotros, el diálogo e intercambio de ideas fluía  tocando todo tipo de temas. Ya se podía ver que en mi rostro tomaba otra expresión diferente y había  abandonado la idea del Spa porque era mucho más agradable todo lo que tenía para contarme.  Entrada la tarde- noche me propuso ir a cenar y fue inevitable mi pregunta…
—¿Y tu novia Fernando? ¿Sabe que estas en Argentina?
—Lo de Silvina fue, Fátima. Fue un encuentro de amigos, nada tan fuerte como lo que tienes tú con Federico.
Y escucharlo de su amigo fue como una inyección de energía y optimismo que hizo brillar mis ojos aún más.
— ¿Aceptas la invitación?—Dijo esperando una respuesta.
— ¿Me puedes esperar a que me cambie?—dije con sorpresa.
 —¡ Por supuesto!, adelante…
 — Ponte cómodo ya vuelvo, sírvete lo que gustes—dije conduciéndome hacia mi cuarto donde se encontraba mi baño en suite. Estaba feliz de alegría, por primera vez  veía una luz en mi futuro y en el panorama de mis últimos días.
Me pegue una ducha rápida, me recogí el cabello en una cola de caballo y me vestí con un conjunto de pantalón, camisa y pullover largo en color crudo con botas al tono. Era un look informal pero arreglado pues no sabía donde iríamos,  sabía que seguiríamos hablando de Federico y eso me entusiasmaba mucho.
En el restaurante elegido por Fernando nos encontramos de casualidad con Andrés y Ana quienes nos invitaron a sentarnos con ellos en la mesa. Estaban festejando un ascenso de Ana en su trabajo y Andrés dueño de una clínica médica porteña, no paraba de saludar a gente conocida vinculada con la práctica.

Había algo que me intranquilizaba, Fernando en todo su relato me decía que pronto llegaría Federico a la Argentina,  pero no largaba en todo el diálogo aproximación  de día o fecha. Llevábamos unas cuantas semanas  luego de su partida y cada vez que le preguntaba evadía la respuesta. Estaba ansiosa. Necesitaba tener más detalles. Pero debía tener paciencia. Habíamos adelantado mucho con toda la información que me había suministrado. Solo debía tener fe, como decía Pía.

Capitulo 25


Capítulo 25


Sentí el ruido de la llave y Pía que entraba con mi bolso, mis pertenecías y una carta en su mano.
Se acercó al sillón donde estaba tirada, tapada con una manta y me extendió el sobre donde claramente reconocí la letra. Como era de esperar en ella, me dejo sola para poder leer con tranquilidad lo que decía…
Mis manos temblaban y con cuidado sin romper su borde superior  la abrí, donde con letra perfecta y clara expresaba…
Fátima, amor mío:
Hubiese querido  que el viaje fuera de otra manera, consensuado por ambos y no de la forma en que nos dejamos, vacíos de palabras y de entendimiento por ambos.
Soy responsable de mis actos y por eso debo aclarar esta situación planteada, que se que va a terminar en buenos términos, después de este viaje. Solo quisiera saber si  me estarás esperando para hablar, pues nos debemos una charla, larga, madura y donde los dos no nos lastimemos.
Me duele regresar a tu departamento y no encontrarte, no saber nada de ti,¡ No me apartes de tu vida.!
Te quiero con toda mi alma y sabes que no quiero hacerte daño.
Regresaré pronto.
Te amo.
Federico

                                                                            
Pía se tomo su tiempo y cuando regreso, le extendí mi mano con la carta, para que fuera leída por ella. Esta vez no dijo nada, solo me abrazó, me dejo llorar y sus palabras calmaron mi angustia en una reflexión…
—Ten fe amiga, todo se va a solucionar, ese hombre realmente te ama y esta a las claras que vos también.
Consideré oportuno volver a mi departamento al día siguiente, no porque ya no quería encontrarme con él; sabiendo que estaba de viaje no regresaría, solo que extrañaba mi lugar. Su placad estaba intacto, nada se había movido ni sacado de su lugar, aún tenía en mis sábanas el aroma a su perfume  y mis rincones ya no eran míos sino imágenes fantasmas de su presencia que entristecían su partida.
Pase varias semanas con escasas noticias,  de tanto en tanto, aparecía un mail de él contando la situación reinante en Egipto, pero ningún comentario del motivo de su <<supuesto>> viaje. Lo que me dejaba triste y desilusionada.
Me enfoque en el trabajo para ocupar mi cabeza en otra cosa. Alejo, ya no ajeno a la situación quería tratar de suplir mi tristeza con invitaciones a almuerzos y bares luego del trabajo y hasta un día se me presento junto con Felipe y Pía con unas entradas para ir al cine.
Una  noche que me resistí a otro encuentro de amigos, tragos y vida nocturna, llegue temprano al departamento, destape una cerveza, luego preparé mi baño con sales y seleccioné el mejor camisón de seda que le gustaba a él. Repase con mis ojos y  manos, cada una de sus prendas, el aroma,  la selección de cada una de ellas y mis pensamientos se deleitaban con su figura envuelta en ellas, me trasportaron a un millón de imágenes placenteras. Entre sorbo y sorbo, con mi música favorita a niveles óptimos de potencia,  me trasladaba a recuerdos y vivencias únicas junto a él, realizando una danza o baile según mi imaginación. Quería enterrarme en la espuma y perderme, recordar cada caricia, cada roce de sus dedos en mi piel, sensaciones  que manifestaban mi cuerpo  con solo su presencia a corta distancia. Luego de un largo rato, ya arrugada y con el agua tibia, me dispuse a salir de la bañera donde noté que mi cuerpo flojo y algo aturdido por los efectos del alcohol, me hacían tener una sonrisa permanente en el espejo, donde observaba mi aspecto. Consideré picar  algo de comida que había dejado en la heladera, sin ser gran cosa y fui  por mi segunda botella. Me coloque las prendas interiores haciendo juego con el  camisón preferido de  Victoria’s Secret color blanco traslúcido, largo, con sugestivos detalles  de  encaje y me coloqué  el  perfume que tanto le gustaba.
En una mirada de reojo vi mi celular con la cara de Pía, que había estado mandando mensajes y llamadas incesantemente, que por la música y mi ensoñación no percibí. También había llamadas de Alejo y Felipe que estaban juntos. Era evidente que los tenía preocupados, cuando consideré oportuno llamarla para tranquilizarla…
Sentía que mi cabeza se elevaba con cada paso que realizaba y cuando llegue al teléfono arrastrando las palabras dije muy sonriente y animada…                                                    
—¡¡¡¡Holaaaaaaaaaa amiiiiiigggggaaa querida!!! Que sucede que hay tantas llamadas y mensajes, ¿con quién la estas pasando genial y me quieres contar?
—Fátima¿ qué te ocurre?, ¿estás sola?—pregunto sorprendida por el entusiasmo que presentaba mi voz y lo jocosa que se me sentía.
—¡Estoy yo y mis recuerdos!, ¿te parece poco?, estoy en una fiesta súper privada.
Mis respuestas y tono de voz sorprendieron mucho a Pía,  sabía que no era de actuar así y que algo ocurría.
—Fátima no te escucho bien,¿ estás borracha?... ¡Vamos para tu departamento!.
—Pero amiga… ¡no te digo que la estoy pasándola genial…! Tú continúa divirtiéndote que yo  estoy  bomba en mi fiesta del recuerdo. ¡¡¡Hola!!! ¡¡¡Hola!!!, bueno podrías haberme dicho hasta luego, hasta pronto…Parece que en este país se perdieron los buenos modales, uno se va a Egipto y me deja sola sin explicaciones reales y la otra llama y después no se despide…Al carajo con todos y seguí en la tuya Fátima que lo único que no tuviste en cuenta para cerrar la noche es un buen consolador.
En unos pocos minutos tocaban el timbre  con insistencia para poder ser escuchado por la música a todo volumen… desde adentro mi voz sonaba en busca de las llaves sin soltar mi  copa en la mano…
—¡¡¡¡Ya va, ya va!!!!¿ Quién es?—Continuaba arrastrando mis palabras.
—Nosotros, ¡¡abre por favor!!—Decía Pía.
—¿Y quiénes <<son nosotros>>? Tengo que estar adivinando de quien se trata ¿o <<nosotros>> ¿implica el bar entero?— Pregunté con risas… porque era gracioso como se  me  dificultaba introducir  las llaves en la cerradura por mi estado. Con cierto obstáculo abrí  la puerta y con los brazos abiertos expresé con alegría su llegada.
—¡Aquí están mis tres mosqueteros que se suman a mi fiesta!—Cuando me ve Pía, con cara de asombro exclama.
—¡Oh Dios! Lo que me imaginaba… estas tomando…
Inmediatamente me sumé a los comentarios sobre mi aspecto que risueños acotaban  Alejo y Felipe…
—Menos mal que la fiesta es privada porque así vestida estas muy provocativa —dijo Alejo dándome un beso en la mejilla y acariciando mi rostro con su mano.
—Guau, guau, guau, si así estas sola y con este perfume ¿qué te pones cuando estas con alguien en la intimidad?¡¡¡ Estas preciosa!!! —Expresó Felipe tomando mi mano y haciéndome girar con su brazo en  alto sobre mí para apreciar mi figura completa, lo que me llevó a perder el equilibrio total y entre carcajadas me tomó entre sus brazos.
                                                           
—Eres todo un caballero— le di un beso en la boca por el piropo expresado. —Felipe con total cara de felicidad y por mi aliento argumento mirando al resto…
—Creo que tiene encima más de la cuenta…
Pía se dirigió a la cocina  y viendo  las botellas vacías arriba de la mesada las levantó en alto y dijo…
— ¡Esto te da una respuesta!
—Hay hermosa hermana mía ¿qué ocurre? ¿Cómo podemos ayudarte?…
Y dirigiéndome  a la cocina y sacando  vasos comencé a ofrecer todo tipo de bebidas que de inmediato tuvieron una reacción  en cadena, contestando los tres  a la vez…
—¡¡NO!!¡¡ Basta!!
—¡Pero que aguafiestas que están!, vinieron  de mal humor porque se les cerró el boliche… aquí no me vengan con pálidas, que yo estoy de lo mejor…
Cuando me dirigí hacia Felipe me colgué de sus hombros y comenté a todos.
 —Creo que ya encontré lo que me faltaba…— Mi cara picara provocaba a los hombres para mi lengua se soltara.
— ¡¿Y? que te faltaba dijo Alejo!—en tono risueño,—debo de reconocer que como no es común verla así me causa mucha gracia, me divierte mucho.
 Con cara azorada conociéndome y temiendo lo que iba a decir.... se adelantó Pía…
 — Por favor no lo digas….
 —¡Hay amiga  cuanto me conoces, cuanto me conoces! …—y mirando a los ojos de Felipe, se me estaba por escapar de mi verborragica boca, cuando  Pía me la tapa con dos ibuprofeno y un vaso de agua que provocaron mi atoro y mayor risa.
 —La desconozco, jamás la había visto así—acusó  Felipe mirando mi inestabilidad y con una sonrisa muy divertida.
 — Te propongo que nos sentemos en el sillón y nos relajemos un poquito, te calmes y nos cuentes porque hiciste esto que es raro en ti. —Sujetándome por la cintura Felipe y retirando mi pelo aún húmedo de mi cara y llevándome para ponerme más cómoda.
 —No, no, no…. —intenté pararme y fue inútil el acto. — Creo que tienes razón estoy algo mareada.
  —¿Qué te pasa Fátima, no puedo verte así, esta no eres tú? —dijo Pía con una voz triste mirándome a los ojos.
Y como es costumbre en cada borrachera después de la euforia viene la tristeza o la reflexión. Comencé a explicar mi estado,  un relato que plasmaba real dimensión de la angustia que tenía…
… ya no tengo ganas de lidiar con gente que hace reclamos innecesarios por abandonos sufridos en el pasado. Vivir de recuerdos me estanca, me paraliza, me detiene. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados de cargos de poder, títulos que quieren adjudicarse en una sociedad donde parece que existís si tenés un nombre o un apellido y no se te considera por tu esencia. Quiero atreverme a
decirle adiós al pasado y animarme a vivir el presente feliz y apostar a un futuro que hasta hace poco, creía lleno de proyectos y vivencias hermosas. Tengo miedo haberlo perdido cuando lo tenía. Se requiere firmeza y responsabilidad para planificar el futuro y no lo quiero hacer sola…—Comenzaron a caer sobre mi mejilla lágrimas, que trataba de contener con el dorso de mi mano. —Para armar el futuro se necesitan cambios y esos cambios demuestran la desnudez de mis miedos y transitar por aguas desconocidas  a nadie le agradan, pero de eso se trata la vida. De desafíos, de combatir los obstáculos y aprender de las experiencias positivas y negativas. Debo asumir que estoy pasando por ellas y que me estoy encontrando con la realidad y  enfrentarla. Estoy dispuesta a recuperar a ese hombre que culpé, desacredité y desconfié, pero necesito ayuda, pues mi mente es un torbellino de sensaciones encontradas. Debo sacarme los prejuicios de pensar que soy víctima de engaños, porque si no lo resuelvo es cómodo y es la excusa perfecta para echarle la culpa al otro, cuando es uno quien tiene el deber de resolverlo para encontrar la felicidad. Tengo miedo haber perdido a ese hombre y el encontrarme de pronto con su ausencia, me hace cometer errores, sentirme impotente, débil, sin razonamiento,  con dolor por su desamparo, otra vez el abandono está presente en mi vida. Por momentos caigo en la resignación que no es para nada mi aliada y termino vencida pensando  que tal vez ese es mi destino, ¡ser abandonada!. Eso es todo… o tal  vez es lo mucho que me pasa.
Se apoderó un silencio en la sala donde todos quedaron extasiados ante semejante confesión…
—Creo que tenés muy elaborado lo que te sucede, perdón por subestimar tu coraje para decirlo. Tienes que ser valiente para reconocer parte de la culpa y el estado, en una situación como esta—argumento Felipe.
Pía se sentó, me dio un fuerte abrazo diciéndome al oído…
 —Cuenta conmigo querida amiga, recuerda que no estás sola y te dije que con fe todo se soluciona. Nadie te abandona, estamos aquí para cuidarte.
Alejo, por su parte, se arrodillo frente a mi  y me tomó de las manos besándolas y guiñando un ojo dijo…
                                                      
—Jamás te dejé, te cuido y te seguiré cuidando…y te aseguro que ese hombre al que piensas que te abandono es el encargado de cuidarte este último tiempo mucho más que nosotros. No desconfíes de sus actos.

Desperté en el sillón tapada con una manta abrazada a Felipe. Aún el dormía y al quererme incorporar note los resabios de una noche completa de alcohol en mi cabeza. El resto se había ido a sus respectivos trabajos dejando una nota sobre la mesa. Habían considerado oportuno no dejarme sola y Felipe no tenía hospital en todo el día y podía sortear el consultorio lo que ayudó a mi recuperación en compañía de mi gran amigo.