30 de julio de 2016

Capitulo 26


Capítulo 26

El fin de semana ya estaba recuperada por haber podido decir lo que sentía, como si hubiese ido al mejor de los terapeutas, que sin duda lo eran, porque eran mis  mejores amigos. Desperté a la mañana con mil proyectos en la cabeza. Mientras desayunaba preparaba mi agenda y consideré conveniente  ir al Spa para recobrar energías y dedicarme a mi persona. En horas del mediodía y casi dispuesta a marcharme todo el día sonó el timbre y sospeché que eran los chicos, pues no habían tocado  el portero.  Atendí la puerta sin preguntar y me encontré con la imagen  de un hombre de ropa sport y cara conocida que me decía apoyado en el marco de la puerta…
—¿Me invitarías a pasar?
Mi asombro casi impedía mi respiración  y con un hilo de voz dije…
—¡Fernando!¿ que haces aquí?, pasa por favor—dejando paso a su figura dentro del gran living de mi departamento.
—¿Cómo estás?¿Cuándo regresaste?—Pregunté cómo sin importancia, pero no era así lo que sentía, no quería mostrar la ansiedad que me causaba su presencia. Al verlo mi corazón se me salía de mi pecho, porque de alguna manera era como estar con   una parte de Federico.
—Hoy muy temprano, me imagine que a esta hora te encontraría por eso no vine antes.
—¿Y a que se debe tu visita?, ¿venís como correo?— Pregunte con un tejo de ironía.
—Primero te quiero aclarar que Federico no sabe que vine a verte. No vengo de mensajero, solo vengo como amigo. Porque me considero amigo de los dos.
—Bueno eso es un problema, porque no podes estar en los dos bandos—dije con una sonrisa socarrona y ofreciéndole una copa.
—¿Cerveza, vino o champagne?... para recordar viejos tiempos.
—No es tu estilo ser irónica, tu perfil es dulce y componedor—dijo con una sonrisa y mirándome a los ojos.
Me sentí avergonzada pues  se estaba comportando  como un caballero y de mi parte solo recibía hostilidad. Consideré oportuno cambiar mi postura y ser cordial en el trato.
—¿Almorzaste? te puedo ofrecer…—No me dejo terminar la frase que dijo con simpatía…
— Solo un café, porque quiero que me escuches y no estés a la defensiva conmigo.
—Ofreciéndole una taza de expresso y sentándome en el sillón le dije…                                                        
—¡Te escucho!
Comenzó a remontarse en mi estadía en Egipto y el primer incidente cuando me fueron a buscar con Felipe. Debo reconocer que al principio escuchaba sus palabras con cierto fastidio cuando hizo referencia a mi estadía en Egipto, pero hubo un nombre en todo el relato que hizo que mi atención se enfocara a su narración mucho más atentamente. Nuevamente en esta situación aparecía el nombre del Príncipe…
— ¡Disculpa!... ¿cómo me dijiste que se llamaba  el Príncipe…?
—Príncipe Munir Kalar, el que te iría a buscar, si no te sacaban del refugio  Federico y Felipe, donde te tenían encerrada.
Mi mente comenzó a tomar un giro inexplicable, mi mente estaba abierta al diálogo y su relato empezaba a tener por primera vez un significado para mí. De inmediato a la asociación corte nuevamente su relato y…
— Perdona la interrupción, pero se me están aclarando las ideas, ¿es el mismo que estaba en el departamento  de Federico?
 —¡ Así es, el mismo! El mismo que Federico tuvo que hacer un trato para que no te tomara en su poder y pertenecieras a una de sus mujeres por el capricho de verte y tener tu documentación. Estando en Egipto  y pasando por lo que pasaste, como extranjera y soltera, estos hombres no tienen piedad y se creen que se pueden adueñar de uno como si nada. El dinero todo lo paga. Eso es lo que él trato de negociar. ¡Tu libertad ¡ ¿recuerdas? fuiste testigo cuando te entrego tus pertenencias en aquella caja dorada famosa, que todos quedaron sorprendidos  y felices, porque créeme las negociaciones diplomáticas para liberarte no fueron fáciles.
 En este viaje del Príncipe ante la situación reinante en Egipto, quería apretar a Federico y fuera  de los intentos de ambas Embajadas de aceptar sus peticiones, se instaló aquí para presionar más de cerca y lograr que su hija saliera del país, para tener una vida mejor y no corriera riesgos, ni  le pasaran facturas políticas que  está dejando marcadas en el país. Ese favor que quería cobrarse el príncipe, era que Federico se ocupara de instalar a su hija a su cargo, cosa que el aceptar, sería un compromiso encubierto y el no estaba de acuerdo en aceptar tal arreglo. Nunca lo aceptó ni lo aceptará.  Eso llevó días de reuniones, de explicaciones , pero no vencido, el Príncipe igual realizó su último intento de viajar hasta aquí y presionar a Federico, junto a su hija sacándola de Egipto, con el riesgo que eso implica. Hoy como amigo y a espaldas de Federico vengo a contarte esto, porque los quiero muchísimo a los dos y no quiero que se destruyan. En breve tendrás noticias de  de su regreso, pero me sentía muy mal si yo no te contaba en detalle lo sucedido. Porque sé que todo surgió como un mal entendido. Sabías que no me negarías una visita y posterior explicación.
 Su relato continuó y me dejó impactada su versión ya que como decía Pía, ahora sí,  estaban todas las fichas sobre la mesa y  podía entender la conducta  y el accionar de Federico.
                                                                  
Todo ocurrió en un clima distendido y como era habitual en nosotros, el diálogo e intercambio de ideas fluía  tocando todo tipo de temas. Ya se podía ver que en mi rostro tomaba otra expresión diferente y había  abandonado la idea del Spa porque era mucho más agradable todo lo que tenía para contarme.  Entrada la tarde- noche me propuso ir a cenar y fue inevitable mi pregunta…
—¿Y tu novia Fernando? ¿Sabe que estas en Argentina?
—Lo de Silvina fue, Fátima. Fue un encuentro de amigos, nada tan fuerte como lo que tienes tú con Federico.
Y escucharlo de su amigo fue como una inyección de energía y optimismo que hizo brillar mis ojos aún más.
— ¿Aceptas la invitación?—Dijo esperando una respuesta.
— ¿Me puedes esperar a que me cambie?—dije con sorpresa.
 —¡ Por supuesto!, adelante…
 — Ponte cómodo ya vuelvo, sírvete lo que gustes—dije conduciéndome hacia mi cuarto donde se encontraba mi baño en suite. Estaba feliz de alegría, por primera vez  veía una luz en mi futuro y en el panorama de mis últimos días.
Me pegue una ducha rápida, me recogí el cabello en una cola de caballo y me vestí con un conjunto de pantalón, camisa y pullover largo en color crudo con botas al tono. Era un look informal pero arreglado pues no sabía donde iríamos,  sabía que seguiríamos hablando de Federico y eso me entusiasmaba mucho.
En el restaurante elegido por Fernando nos encontramos de casualidad con Andrés y Ana quienes nos invitaron a sentarnos con ellos en la mesa. Estaban festejando un ascenso de Ana en su trabajo y Andrés dueño de una clínica médica porteña, no paraba de saludar a gente conocida vinculada con la práctica.

Había algo que me intranquilizaba, Fernando en todo su relato me decía que pronto llegaría Federico a la Argentina,  pero no largaba en todo el diálogo aproximación  de día o fecha. Llevábamos unas cuantas semanas  luego de su partida y cada vez que le preguntaba evadía la respuesta. Estaba ansiosa. Necesitaba tener más detalles. Pero debía tener paciencia. Habíamos adelantado mucho con toda la información que me había suministrado. Solo debía tener fe, como decía Pía.

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