Epílogo
—Mmmmmmm, que peligro esa cabeza, está muy pensativa… ¡algo ocurre!. — Dijo
Federico mirando la actitud de Fátima frente al gran ventanal.
En la cocina, donde
preparaba el desayuno; la luz del día emergía con brillo ardiente y se reflejaba
un cielo cálido. Lo dice la mañana, lo
dicen las voces de los pájaros, ya es primavera. Continúo envuelta en sus
pensamientos sin percibir su presencia…
— ¿Algún problema?— Ya con
su gesto y tono de preocupación, tomándola de la cintura por la espalda.
— ¡Oh, no! Para nada perdóname,
no te escuche.
— ¡Si lo noté…! ¿Qué es lo que te
preocupa, que te tiene tan atrapada y concentrada en tus pensamientos?
— ¡Nada en especial…! Solo que
hoy me desperté con muchas imágenes en mi cabeza y mientras realizaba el
desayuno pensaba en ello…
— ¿Y puedo saber que son esos pensamientos que tienen
tan ocupada a mi mujer?
A simple vista nada
sucedía, pero todo lo vivido me estremecía al recordarlo. Todo estaba en mi
interior. Todo cuanto tengo ahora es real y auténtico. No estoy soñando. Soy
testigo de mi nuevo nacimiento junto con los brotes, hojas tiernas y olores
frescos de esta nueva primavera. Que no es la misma de siempre. ¿Puede una
primavera ser igual a la que pasó? ¿Si somos nosotros los mismos que el año pasado?
¡No!..., hacía un
año atrás emprendía un viaje lleno de experiencias y recorridos que habían
cambiado mi vida radicalmente. Desperté esa mañana con una voz interior que me decía: tú eres la
única verdad de tu vida, tú conduces tu propio destino. Tu sola puedes curar el
dolor de las heridas del pasado y disfrutar el maravilloso futuro que se te
presenta. Pero a su vez ese pensamiento esperanzador y lleno de expectativas, me ponía nostálgica.
En simples palabras
le conté el motivo de mi inquietud, de mis pensamientos y reflexiones de esa
mañana a Federico. Por alguna razón extraña estaba melancólica y reflexionando
sobre el pasado y el presente.
No duró mucho mi
estado porque me contagie de su risa curadora, cautivada por su dulzura, me dejé llevar por las alegrías de sus encantos
con palabras aduladoras. En su compañía todo era diferente. El despertar y
tenerlo todos los días era como un regalo para mis días. No tenía motivo para
sentirme mal. Se rompían los
silencios, no existían más los fantasmas del abandono y aprendí a escuchar la música
de nuestros corazones.
La vida se abría
ante nosotros como flor, ante un camino de esperanza futura, porque juntos
descubríamos el amor día a día, porque
por primera vez, sentía que tenía a mi lado al hombre perfecto. Este hombre que vino por mí, que está a mi lado y que cambia
mis mañanas. Mi cuento de hadas se estaba escribiendo con las páginas de mis
días. Soy la responsable de armar mi
propia felicidad. Su espíritu y energía me contagia.
Tengo un
sentimiento pleno que me hace reír, llorar, bailar y volverme a sentir niña,
para sentirme cuidada y querida entre sus brazos. Es mío mientras mi corazón siga latiendo.
Con su voz tierna luego de haberme escuchado atentamente
abrazándome fuertemente dijo…
—El futuro nos pertenece y de
nosotros depende hacer de nuestras vidas un camino lleno de alegrías, proyectar
juntos y lograr que se concreten nuestros sueños. No te atormentes con el
pasado. El problema es que pensamos demasiado en lo que pasó, cuando lo
importante es lo que está pasando. Vive el presente, el hoy, que promete ser
hermoso. —Y me
abrazo fuerte con sus brazos protectores y me dio un beso apasionado, donde
comenzamos con caricias interminables llenas de pasión, que me hacían estar en
el mejor de los mundos. — ¿Qué te parece si desayunamos que ambos llegaremos
tarde al trabajo si continuamos con este juego de seducción?...
— ¡Oh!... si perdón, ya te sirvo café…—argumenté
saliendo de mi ensoñación de pensamiento ante la imaginación del futuro que se
proyectaba en mi mente y las sensaciones que causaba la presencia de este
hombre en mí.
—Una pregunta quiero hacerte Fáti…
— ¡Sí! ¿Cuál? —Respondí con soltura sin pensar el
tenor de la misma.
— ¿Aún tienes miedo ser madre?
Su pregunta tan directa y en estas circunstancias me
hicieron temblar y mis manos demostraron la torpeza quemándome con el café que
estaba sirviendo…
— ¡Uhmm pobrecita, te descoloqué y te hice quemar…! perdóname—Se
acercó tomando mi mano para calmar el ardor que tenía en ella.
— ¡No te estoy presionando…! Solo quiero que no tengas
miedo, que estoy a tu lado y preparado para afrontar lo que suceda — Besa
mi mano, que aún me dolía por la infusión caliente y abrazando aún más mis contornos,
apoya su cara en mi cabello y dice en tono sugestivo y casi ronroneando.
En nuestro futuro lleno de alegrías y proyectos, cuando hablo de afrontar lo que
suceda, es porque me gustaría ver chupetes,
biberones, pañales; pequeños corriendo por todas partes en una gran casa con
parque, porque eso será parte de disfrutar
de nuestros momentos felices. Compartir cosas simples, desafíos que están por
venir y disfrutarlos con
intensidad. Eso será quitarte los miedos descubriendo lo maravillosa que sos
como mujer, esposa y madre.
— ¡Guaaaauuu Fede!... es mucho lo que decís, y creo
que estas poniendo mucha presión y describiendo a una persona que ni yo me veo con esas cualidades. Sé que mi vida cambio en estos
últimos meses y eso te lo debo a ti. Mis pesadillas ya no existen, pero no
quiere decir que estén resueltos mis fantasmas… Debo reconocerte que esta
experiencia de vivir juntos es maravillosa y eres el responsable de los cambios
en mi vida…
— ¡No, No, no!...Yo no hice nada bonita, vos
descubriste cosas nuevas en mí que hasta yo desconocía y esos miedos los
eliminaste con tu dulzura y tu gran poder de adaptación. No te quites mérito. Vos fuiste la responsable de ponerle música a
mis días y con tu espontaneidad me
mostraste un mundo diferente, donde me
demostraste que todo es posible… deje de ser ese hombre acartonado, formal y
serio para reírme de mi mismo. ¡Con vos conocí el amor!—Susurra por detrás de mí… con su voz seductora dibuja una
sonrisa en mis labios.
—Te
tengo aquí, todos los días, te disfruto y ya no hay distancias, ni lejanos encuentros para amarnos, ni
lugares hostiles que nos separen, sos
mía por siempre y nada nos impide ser felices.
Fue
toda una declaración para mis oídos. Sonaba
como la mejor música y el mejor de los proyectos, con un hermoso porvenir donde
nada faltaba y tenía el mejor de los condimentos… el amor.
Fin
No hay comentarios.:
Publicar un comentario