30 de julio de 2016

Epilogo

Epílogo


—Mmmmmmm, que peligro esa cabeza,  está muy pensativa… ¡algo ocurre!. — Dijo Federico mirando la actitud de Fátima frente al gran ventanal.
En la cocina, donde preparaba el desayuno; la luz del día emergía con brillo ardiente y se reflejaba  un cielo cálido. Lo dice la mañana, lo dicen las voces de los pájaros, ya es primavera. Continúo envuelta en sus pensamientos sin percibir su presencia…
— ¿Algún problema?— Ya con su gesto y tono de preocupación, tomándola de la cintura por la espalda.
— ¡Oh, no! Para nada perdóname, no te escuche.
— ¡Si lo noté…! ¿Qué es lo que te preocupa, que te tiene tan atrapada y concentrada en tus pensamientos?
— ¡Nada en especial…! Solo que hoy me desperté con muchas imágenes en mi cabeza y mientras realizaba el desayuno pensaba en ello…
— ¿Y puedo saber que son esos pensamientos que tienen tan ocupada a mi mujer?
A simple vista nada sucedía, pero todo lo vivido me estremecía al recordarlo. Todo estaba en mi interior. Todo cuanto tengo ahora es real y auténtico. No estoy soñando. Soy testigo de mi nuevo nacimiento junto con los brotes, hojas tiernas y olores frescos de esta nueva primavera. Que no es la misma de siempre. ¿Puede una primavera ser igual a la que pasó? ¿Si somos nosotros los mismos que el año pasado?
¡No!..., hacía un año atrás emprendía un viaje lleno de experiencias y recorridos que habían cambiado mi vida radicalmente. Desperté esa mañana  con una voz interior que me decía: tú eres la única verdad de tu vida, tú conduces tu propio destino. Tu sola puedes curar el dolor de las heridas del pasado y disfrutar el maravilloso futuro que se te presenta. Pero a su vez ese pensamiento esperanzador  y lleno de expectativas, me ponía nostálgica.
En simples palabras le conté el motivo de mi inquietud, de mis pensamientos y reflexiones de esa mañana a Federico. Por alguna razón extraña estaba melancólica y reflexionando sobre el pasado y el presente.
No duró mucho mi estado porque me contagie de su risa curadora, cautivada por  su dulzura,  me dejé llevar por las alegrías de sus encantos con palabras aduladoras. En su compañía todo era diferente. El despertar y tenerlo todos los días era como un regalo para mis días. No tenía motivo para sentirme mal. Se rompían  los silencios,  no existían más los fantasmas  del abandono y aprendí a escuchar la música de nuestros corazones.                                                                        
La vida se abría ante nosotros como flor, ante un camino de esperanza futura, porque juntos descubríamos  el amor día a día, porque por primera vez, sentía que tenía a mi lado al hombre  perfecto.  Este hombre que  vino por mí, que está a mi lado y que cambia mis mañanas. Mi cuento de hadas se estaba escribiendo con las páginas de mis días. Soy la  responsable de armar mi propia felicidad. Su espíritu y energía me contagia.
Tengo un sentimiento pleno que me hace reír, llorar, bailar y volverme a sentir niña, para sentirme cuidada y querida entre sus brazos.  Es mío mientras mi corazón siga latiendo.
 Con su voz tierna luego de haberme escuchado  atentamente  abrazándome fuertemente dijo…
—El futuro nos pertenece y de nosotros depende hacer de nuestras vidas un camino lleno de alegrías, proyectar juntos y lograr que se concreten nuestros sueños. No te atormentes con el pasado. El problema es que pensamos demasiado en lo que pasó, cuando lo importante es lo que está pasando. Vive el presente, el hoy, que promete ser hermoso. —Y me abrazo fuerte con sus brazos protectores y me dio un beso apasionado, donde comenzamos con caricias interminables llenas de pasión, que me hacían estar en el mejor de los mundos. — ¿Qué te parece si desayunamos que ambos llegaremos tarde al trabajo si continuamos con este juego de seducción?...
— ¡Oh!... si perdón, ya te sirvo café…—argumenté saliendo de mi ensoñación de pensamiento ante la imaginación del futuro que se proyectaba en mi mente y las sensaciones que causaba la presencia de este hombre en mí.
—Una pregunta quiero hacerte Fáti…
— ¡Sí! ¿Cuál? —Respondí con soltura sin pensar el tenor de la misma.
— ¿Aún tienes miedo ser madre?
Su pregunta tan directa y en estas circunstancias me hicieron temblar y mis manos demostraron la torpeza quemándome con el café que estaba sirviendo…
— ¡Uhmm pobrecita, te descoloqué y te hice quemar…! perdóname—Se acercó tomando mi mano para calmar el ardor que tenía en ella.
— ¡No te estoy presionando…! Solo quiero que no tengas miedo, que estoy a tu lado y   preparado para afrontar lo que suceda — Besa mi mano, que aún me dolía por la infusión caliente y abrazando aún más mis contornos, apoya su cara en mi cabello y dice en tono sugestivo y casi  ronroneando.

En nuestro futuro lleno de alegrías y  proyectos, cuando hablo de afrontar lo que suceda, es porque me gustaría  ver chupetes, biberones, pañales; pequeños corriendo por todas partes en una gran casa con parque, porque eso será parte de  disfrutar de nuestros momentos felices. Compartir cosas simples, desafíos que están por venir y disfrutarlos con
intensidad. Eso será quitarte  los miedos descubriendo lo maravillosa que sos como mujer, esposa y madre.
— ¡Guaaaauuu Fede!... es mucho lo que decís, y creo que estas poniendo mucha presión y describiendo a una persona que ni yo  me veo con esas  cualidades. Sé que mi vida cambio en estos últimos meses y eso te lo debo a ti. Mis pesadillas ya no existen, pero no quiere decir que estén resueltos mis fantasmas… Debo reconocerte que esta experiencia de vivir juntos es maravillosa y eres el responsable de los cambios en mi vida…
— ¡No, No, no!...Yo no hice nada bonita, vos descubriste cosas nuevas en mí que hasta yo desconocía y esos miedos los eliminaste con tu dulzura y tu gran poder de adaptación. No te quites mérito.  Vos fuiste la responsable de ponerle música a mis días y con tu  espontaneidad me mostraste un mundo diferente, donde  me demostraste que todo es posible… deje de ser ese hombre acartonado, formal y serio para reírme de mi mismo. ¡Con vos conocí el amor!—Susurra por detrás de mí… con su voz seductora dibuja una sonrisa en mis labios.
—Te tengo aquí, todos los días, te disfruto y ya no hay distancias, ni lejanos encuentros para amarnos, ni lugares hostiles que nos separen,  sos mía por siempre y nada nos impide ser felices.
Fue toda una declaración  para mis oídos. Sonaba como la mejor música y el mejor de los proyectos, con un hermoso porvenir donde nada faltaba y tenía el mejor de los condimentos… el amor.


Fin



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