Capítulo 27
No había tenido una semana muy productiva. Problemas en el trabajo, reuniones inesperadas hasta altas horas de la tarde, clientes y proveedores insatisfechos por no llegar los productos y entregas en tiempo y forma. A eso se le sumaba mi estado general de salud que no era del todo satisfactorio. En las últimas semanas presentaba un desorden alimenticio que me había llevado a bajar de peso y no recuperar mi energía. Aunque estaba mejor que antes, la situación con Federico me tenía intranquila y por ello mi ánimo no era de los mejores.
Felipe al verme, insistía que concurriera a la clínica para realizarme un chequeo médico, cosa que me negaba y trataba de evadir la propuesta en cada encuentro.
—Bueno si no logro llevarte a la clínica para controlar tu salud ¿puedo llevarte a almorzar y comer como Dios manda?—Dijo por teléfono vencido de no aceptar su primer plan.
—Nos vemos a las 12,30 hs.—Respondí sin vueltas.
—Ok! Te paso a buscar por la oficina.
Fue puntual y consideró oportuno por el día hermoso que se presentaba disfrutar de ir a orillas del rio, donde había un buen surtido de comidas a elección con muy buena gastronomía. Con mi carta en mano y deleitándome del ambiente cálido, al llegar el mozo ordené una ensalada de la casa con muy ricos ingredientes. Lo que de inmediato fui silenciada por Felipe y dándole un nuevo pedido dijo…
—Perdón mozo…—Hizo una pausa y mirándome a los ojos… —¿Me permites ordenar por ti?
—¡Adelante! —dije confiada.
—Retire la ensalada de la señorita y tráigale un plato de arrollados Thai de pollo con arroz, hierbas y vegetales, para mí un zapallo asado con tiras de cordero; de postre para la señorita arroz con leche y para mi ganache de chocolate blanco y maracuyá, para beber agua mineral, soda y una copa de Single Vineyard Fincas Notables.
—¿Gustan alguna entrada para compartir? —ofreció el mozo con amabilidad.
—¿Tienes pensado invitar a alguien más? —Dije risueña por la cantidad.
—Entonces tráigame solo a mí, una copa de aperitivo de Gignolet Cooler con naranja ¡por favor!, gracias.
Se retira el mozo con la orden y quedo mirándolo con una sonrisa socarrona y me acerco lo más posible a su rostro…
—¿Tu piensas que voy a comer todo lo que pediste y luego ir a trabajar?¿ Te di la impresión de desnutrida?
—Desnutrida no, pero no estás comiendo bien y una ensalada no es un plato que te de energías o que te alimente, volviste a perder peso con facilidad y esos no es común, por eso insisto en el chequeo. No creas que es de caprichoso. Pedí todo junto para no ser interrumpidos, tengo muchas cosas que hablar contigo.—Dijo, claro y seguro como dominando la situación.
Bueno y ahora pasemos algo más interesante y cuéntame cómo van esas relaciones que estoy casi seguro con son la causa de tu estado…
Transcurrió todo el almuerzo sacando un tema y otro, era sumamente agradable estar con él y nos conocíamos de tantas años que no teníamos dificultad hasta de opinar y reírnos de nosotros mismos. Me ayudó mucho plantear la situación actual con Federico a la distancia y escuchar su punto de vista como hombre, lo que confirmaba que debía ser paciente y no adelantarme a los hechos.
Ante la aproximación y su posterior sonrisa de Felipe reparé a la persona que le estaba dirigido el saludo que en breve estaba al lado de nuestra mesa.
—Hola Fernando ¿cómo estás?¡ Hacía mucho que no te veía!.
—Bien Felipe… y ustedes veo que no la están pasando nada mal.
—Acompáñanos, ¿te pido una copa de vino?—llamó al mozo mientras Fernando se acomodaba en la silla desocupada que estaba a mi lado.
El había tenido una reunión de trabajo y había venido a comer con una delegación de japoneses. Luego de un intercambio fluido de conversaciones Fernando corriendo la silla y saludando con la mano a Felipe se despide y me da un beso en la mejilla acotándome como aviso…
— Te llamo luego porque quiero hablar contigo.—Respondí afirmativamente y se fue.
—Que buen tipo me resulta este… siempre correcto—argumento Felipe.
Pero mi cabeza había quedado ocupada con su despedida —quiero hablar contigo— ¿ de qué? ¿Qué novedades tenía …? ¿sería algo con respecto a Federico? Debía esperar, no me quedaba otra.
La propuesta de Fernando me sorprendió y no tenía nada que ver con Federico.
Su invitación para concurrir a un evento de la embajada me dejo sorprendida. No concebía una reunión, fiesta o evento sin Federico y no sabía cómo decirle que su ofrecimiento me había resultado de mal gusto, desacertado. Consideré oportuno charlarlo con Pía y la invite para que pasara la noche en mi departamento. Por alguna razón estaba enfurecida.
—Fátima no puedo creer lo que me cuentas, tú tienes ofrecimientos por todas partes y yo no tengo ni un cumpleaños a la vista. —Enojada más por la oportunidad que se me brindaba de ir a un evento en la Estancia Villa María y encontrarle peros, que lo que realmente me resultaba preocupante… Una invitación de Fernando en el ambiente donde me habían visto con Federico.
—¡Pía por favor! olvídate del tipo de evento y enfócate en esto… No creo que deba concurrir con él a tal evento, soy la pareja de su amigo, <<o creo creer que todavía lo soy>>; —Dije pensativa —no me puedo presentar con él en esta fiesta de gala.
—¿Porque no?, que tiene de malo si ya todos te conocen…
—¡Pero con Federico, no con él!, hablándote en criollo van a pensar que cambie de monta y no es nada parecido a eso— dije furiosa.
—Con más razón, yo no veo nada de malo, es una oportunidad única y debes estar presente, es él que se pierde la oportunidad, es tu novio, no vos…
—Me enfurece hablar contigo cuando hablas de ese modo, donde solo te interesa la oportunidad y no la consecuencia.
—¿Cual consecuencia?,¿ te interesa el amigo? ¿te vas a acostar con él?
—¡NO, NO! Pía, no seas ridícula—dije enojada.
—¿Entonces? Que tiene de malo…
Sonó mi celular y a disgusto fui a atenderlo cuando en la pantalla vi que era Ana…
—¿Hola Ana como estas? —hablaba justamente si concurriría a ese evento que me había invitado Fernando y con recelo conteste.
—No lo sé Ana, no estoy de humor para ese tipo de fiestas y te soy sincera a ti no te puedo mentir, no me veo cómoda en ir con Fernando, entiéndeme es un divino, pero no me parece acertado.
Ella continuaba hablando, dándome explicaciones del motivo de su invitación… Luego de una charla extensa y con argumentos muy válidos dije…
—Bueno tal vez, tienes razón… pero… —no me dejo terminar la frase que dio por hecho que iría para acompañarla a ella, que sería la primera vez que iría a estas reuniones, no conociendo a nadie del ambiente.
—¿Y?—Dijo Pía esperando una respuesta.
—Me puso entre la espada y la pared con su argumento—dije vencida tirándome en el sillón donde se encontraba ella.
—¡Bien! Bien! Bien! —exclamaba Pía con entusiasmo.
—No sé porque te pones tan contenta— dije arqueando una ceja.
—¡Porque si no lo disfrutas tú!¡ yo sí!... en verte bella, cambiar la cara y seleccionar el atuendo para la ocasión. Ir de compras y preparar esta hermosa mujer para ese evento— dijo abrazándome.
—¡Cada vez estas más loca…! Y resople poniendo mis ojos en blanco.
—Espérame, seguiremos hablando de los detalles luego de ir al baño…
Y se marcho dejando su celular en el sillón donde a los pocos minutos, un mensaje a la vista se registraba con el nombre de Fernando…
Mi cara fue de asombro total, no me animé a tomarlo y ver que decía porque escuche el ruido de sus tacos que se acercaban, pero con disimulo me levanté a preparar café… —no le sacaba los ojos de encima para apreciar su rostro ante el mensaje, cuando me pregunté ¿De qué se trataba?¿Porque Fernando se comunicaba con ella? ¿A que estaba jugando?¿ Porqué su alegría para que yo concurriera?
—Te sonó el celular… —dije en tono descuidado—ella miro la pantalla vio su mensaje y con una sonrisa lo dejo en un costado sin darle mayor importancia. No hizo ningún comentario.
—¿Todo bien?—dije esperando una explicación, a lo que solo recibí una corta respuesta dejándome aún más confundida.
—¡¡¡¡Genial!!!!
En la semana nos habíamos dado cita para ir al shopping y comprar algo para la fiesta, aunque no estaba muy de acuerdo.
—Pía no sé porque insistes en que tengo que lucir despampanante y comprarme algo cuando el vestido azul o el negro que tengo en el vestidor pueden ir perfectamente para esta ocasión…—dije como abatida por no tener voluntad de comprarme algo para lucir en esas circunstancias.
—Fátima, no tengo oportunidad de ir a esas reuniones y menos en una ocasión tan especial con estadía paga en la Estancia Villa María en Máximo Paz, creo que te irían buenísimos los vestidos que propones, pero debes estar radiante, olvídate de todo y disfruta por favor, aprovecha la oportunidad que se te presenta, cambiar de aire, será bueno. —Y no podía resistir al entusiasmo que mostraba como si fuera ella la que asistiera.
El jueves concurrí a la peluquería donde fue completo mi arreglo, no solo el cabello lucía de maravilla con un tratamiento especial sino que mis manos y mis pies estaba delicadamente arreglados y pintados con un color blanco transparente acorde al vestido seleccionado para el momento.
El sábado me pasaría a buscar en horas del mediodía Fernando, para alojarnos en la estancia donde teníamos reservada la estadía completa. Era un día esplendido, luminoso y la temperatura era sumamente cálida para la época en que nos encontrábamos. Abrí la ventanilla y respiré el aroma de los árboles de la zona y el aire cálido. Estaba sumamente nerviosa, aunque lo disimulaba de maravilla y recordaba las palabras de Pía, ¡disfruta la oportunidad que se te presenta ¡Pero había algo que debía reconocer… me intrigaba mucho de que se trataba todo esto. Transcurrió el viaje con conversaciones de todo tipo, pero cuando entraba en los detalles del evento de la noche, sorteaba con disimulo la preguntas que le realizaba con una respuesta poco clara.
Al llegar a la hermosa zona donde se encontraba el hotel un silencio profundo, con un entorno soñado, se podía divisar en todo su esplendor. A lo lejos la carpa en medio del jardín junto al lago, música que estaba comenzando a sonar en un contexto sereno, templado y prometedor. Nos encontramos con otra gente amiga conocida de la Embajada, gente saludándonos como en completa complicidad. Algunos realizaban paseos en sulky recorriendo toda la estancia, que era parte del servicio de estadía. Todo tenía otro resplandor. Otro clima. Un aire curador que nos rozaba la cara borrando arrugas, desplegando sonrisas y hacía desaparecer todo rastro de estrés, trabajo o rutina. La estancia Villa María era una casona que comprende 655 hectáreas con un patrimonio paisajístico y arquitectónico único. Se consolida como unos de los emprendimientos residenciales más exclusivos de la Argentina. Su casco se reinauguró como hotel de lujo con exclusivas suites y un restaurant gourmet, un salón privado, bar, cava de vinos, sala de habanos y billar. El interior se prolonga hacia el parque a través de galerías y terrazas que unen la majestuosa arquitectura del hotel con los impactantes 74 hectáreas de parques diseñadas en 1917 por el reconocido paisajista Benito Carrasco. Los árboles de altos volúmenes y el colorido cambiante de las diferentes especies traídos por la pequeña brisa, parecían realizar una danza clásica en un marco excepcional. Todo se encontraba preparado para el acontecimiento que ocurriría entrada la noche.
Me inquietaba al llegar a la recepción y saber como estábamos registrados y deje que Fernando realizara los trámites pertinentes, sin ceder de estar a su lado.
—Buenas tardes—dijo al empleado.
—Buenas tardes señor, ¿en que lo puedo ayudar?
—Tenemos unas reservaciones a nombre la señorita Fátima Flores Heredia y Fernando Aquino Otegui.
—Un momento por favor— Y noté que mi respiración volvía a su rimo lento y tranquilo… a su normalidad, cuando me pregunta…
—¿Qué te parece el lugar?, ¿ Lo conocías? —Comentó Fernando, ante mi mirada de asombro.
—¡No! es magnífico ,un emblema de elegancia y buen gusto.
—¡Si! aquí tengo sus reservas necesito una firma de ambos y estas son las llaves de la habitación Máster Suite de la señorita y las suyas señor—dijo el empleado.
En uno de los pasillos me encontré con Ana que se la veía enloquecida por el entorno donde nos encontrábamos… disfrutando cada área con sus grandes ojos.
—Te invito un té en la galería, ¿no te parece de ensueño este lugar?— queriendo contagiar su entusiasmo.
—Ya lo creo Ana, es bellísimo— cuando expresó…
—Fátima, perdóname por decirte esto, no soy quien, pero desde que se te realizó esta invitación te veo tensa, sin disfrutar el momento y así no eres tú. Deja que el momento, el lugar y los acontecimientos te lleven… no estudies tanto la situación y disfruta con intensidad, ¡relájate mujer! ¡ está todo bien!
— ¡Si, seguro, seguro!— Contesté con un hilo de voz.
Comenzó a caer la tarde y nos dirigimos cada uno a su cuarto para arreglarnos con la ropa adecuada a las circunstancias. Cuando entré a la habitación, los grandes cortinados en tono amarillo con su carpintería blanca, la vista de los ventanales a los grandes jardines y su gran cama con dosel, me llevaron a ser protagonista de un cuento de hadas. Me tiré en la gran cama con los brazos abiertos mirando el techo y añorando la presencia de alguien que muy lejos estaba de ese entorno. Consideré que como tenía tiempo, darme un baño completo con sales y prestarle sumo cuidado a mi cabello. Lo llevaría recogido en un chignon abultado, caído, con algunos mechones en mi rostro en forma descontracturada como me había explicado con sumo cuidado Pía. El vestido era de satén de seda natural color gris plata, de una caída elegante en su parte inferior, resaltando mi figura. El detalle más relevante del diseño, muy original, era en su orilla superior, de aproximadamente 10 centímetros, pequeñas perlitas perfectamente alineadas, del mismo tono, que comenzaban como un bretel desde cuello, rodeando por fuera mi busto mediano y marcando mas mis relieves, cruzándose en el bajo busto con un trazo como de ochos encontrados que terminaban uniéndose en la parte trasera a la altura de la cintura, dejando mi espalda totalmente al descubierto. Me parecía algo provocativo. Había sido del gusto de Pía pues yo hubiese elegido algo más sencillo, sin que llamara tanto la atención, aunque debía reconocer que era sumamente elegante y distinguido. Lo acompañaba con unos zapatos color plata con un Clark haciendo juego. Cuando termine de maquillarme y colocarme el vestido suena el celular con un mensaje.
Pía
¿Y amiga? cómo va el arreglo ¡¡ debes estar lista, muéstrame!!
Consideré oportuno enviarle una foto de mi look completo por whatsapp, que respondió de inmediato.
Pía
Estas FABULOSA!!!! IMPACTANTE!!!
¡!!Te faltan los aros!!!
A lo que le respondí…
Fátima
Voy a dejar cargando el celular, mañana te cuento como me fue …. Besos.
Ahhhh, y gracias por toda tu ayuda!!!!! Te quiero mucho!!!
Le sume un par de aros de colgar de platino con un detalle de perlas en la punta que había sido regalo de mi padre y que al vestido seleccionado quedaban de maravilla.
Escuche un golpe en la puerta y era Fernando que me pasaba a buscar por lo que consideré oportuno decirle que bajaría en media hora porque no estaba lista. Era una mentira piadosa, pero no quería entrar al salón de su brazo. Me sentía incómoda. Ya era fastidiosa la situación de estar ahí. A lo que no ofreció resistencia a mi pedido y dijo…
—No hay problema estaré abajo.
Si algo lo caracterizaba era su amabilidad y entendimiento. No podía pedir más, se había portado como un caballero, ahora solo había que sortear un obstáculo, las miradas al entrar al salón. Y pasada la media hora, como era de esperar, gente con el rabillo del ojo, con un saludo cómplice y otros sin reparo, miraban mi entrada, que con ojos altivos para guardar mi compostura, buscaba caras conocidas.
En un círculo de personas estaba Fernando, Andrés, Ana y mucho me sorprendió ver la imagen de Marcos y su mujer, que desde mi regreso de Egipto no los veía. Intercambiamos varios saludos amistosos y charlas entre todos, mientras nos obsequiaban bocaditos de todo tipo de sabores. En un momento de la noche, cuando la música se podía disfrutar en su volumen más alto, Fernando tomándome de la mano, me condujo hasta un extremo del salón y trasladándome a un rincón más privado, sin tantos ojos que nos observaban, continuó hablándome.
Me extraño su actitud y de inmediato se puso hablar sobre un tema que había dejado a medias Marcos, pero no entendía su aislamiento del grupo… Cuando de repente sentí que alguien estaba muy pegado a mis espaldas. Respiro hondo, mis piernas comienzan a temblar cuando siento ese aroma inconfundible junto al aura de su presencia. Quedo paralizada, percibo la proximidad de sus manos. Simultáneamente cierro los ojos, rezando para no haber cometidos un error en haber elegido un vestido inapropiado, cuando oigo su dulce voz. Tomo aire y siento un dedo cálido en lo alto de la nuca. Lo desliza despacio por mi columna vertebral y un millar de escalofríos viajan por mis terminaciones nerviosas. Acaba en la base de mi columna y siento el inconfundible rose de sus labios sobre mi piel que a continuación me expresan…
—¡¿No te parece que está muy expuesta esta hermosa espalda que tiene dueño?!
Mis ojos se clavaron en los de Fernando que con una sonrisa radiante dijo…
—¡Me disculpan!... pero mi misión está cumplida, disfruten la noche—me dio un beso en la mejilla y una palmada a esa persona con voz dulce y conocida.
Lentamente me di vuelta y mis ojos ya estaban nublados por la emoción, mis piernas se habían aflojaba y me corría un frío por todo el cuerpo, producto de la sensación que me producía su presencia… No podía respirar, me faltaba el aire…
—¡Estas bellísima! sorprendentemente hermosa—susurra con su voz dulce pero firme tomándome de la cintura y atrayéndome hacía su boca, sonriendo y admirando mi figura continúa… —Me gusta muchísimo tu vestido.
Mi actitud provoca que dé un paso atrás y él coloca una de sus manos en el bolsillo. Se muerde el labio y comienza su mirada a recorrerme por entera con signos de aprobación.
—¡Increíble!..., te recordaba bella pero esta imagen lo supera.—Agregaba sin sacar sus ojos de mi figura.
Quede por un momento en silencio y mi cabeza comenzó a recapacitar sobre la situación…
Lo miré a los ojos.
—Todo esto estaba preparado ¿no?, la intervención de Ana, los mensajes e invitación de Fernando, la complicidad de Pía… solo yo era la que estaba ajena.
—No te enojes, me pareció la mejor manera de tenerte cuanto antes, llegue hace unas horas, si no hubiese sido por ellos, no estaría disfrutando de tu presencia aquí y ahora. Sos consciente que eres la atracción de la reunión por tu magnifica y extraordinaria figura—dijo sirviéndose una copa de una mozo que nos ofrecía a la pasada, sus ojos estaban inyectados de placer mientras saboreaba su bebida.
—Preferiría ser más anónima y no estar tan expuesta—dije con un tono de tristeza y casi de enfado.
Nuevamente se acerca. Un calor se apodera de mí y mis ojos van fijos a los de Federico. Estoy empezando a temblar. Me toma de la cintura. Sus manos rozan mi espalda, luego me desliza la palma de su mano por los hombros, me da un beso en mi mano donde su próximo paso se abre a su invitación…
—¿Quieres bailar?—Sin esperar respuesta, entrelazamos nuestros cuerpos, que acompañaban la música de fondo suave con la sensual voz de Lalah Hathaway en For Always .
—Eres increíblemente hermosa y hueles exquisita, adoro ese perfume, y fue una de las cosas que me ayudó a sobrellevar tu ausencia. ¿Lo sabías?—Acuso en susurros sobre mi oído.—Tus ojos están cargados de lágrimas y no me has dicho nada… ¿qué ocurre, sigues enojada?¿ Por qué no me hablas?... Me mata tu silencio.
Apoyo mi mejilla en su hombro. Comienza a bailar, envolviéndome con la firmeza de sus fuertes brazos y embriagarme en su perfume masculino transportándome a la mejor de las sensaciones. Su respiración, el roce juguetón de sus manos sobre mi espalda, hacían erizar mi piel sin controlar mis sensaciones. Deslizo las manos por su espalda, cierro los ojos y mi cuerpo sigue sin ningún tipo de esfuerzo sus movimientos lentos y suaves.
—Lo siento— murmura a mi oído— Siento mucho haberte dejado sola, se lo que significa para ti otra huida, no creas que estoy ajeno a eso. Pero fue inevitable para estar aquí, ahora y libre.
Suspiro. Sé que lo siente. Le doy un pequeño apretón. Es mi forma de decir sin palabras que lo entiendo. Estoy perdida. Atontada. Pero él está aquí.¿ Y Cómo es eso de libre?. Me pone un dedo bajo la barbilla y me levanta la cabeza.
—Dime algo por favor, tu silencio me vuelve loco.
—Perdóname, debo reconocer que esto me sorprendió y me saco de mi eje, aunque debo reconocer que es maravillosa tu presencia y lo que armaste para estar juntos— dije con mis ojos inyectados en lágrimas.
Me tapa mi boca y mis palabras con un beso dulce, se me cierran los párpados y mi respiración se vuelve irregular. No podía controlar mis emociones. Me sentía quebrantada. Lágrimas corrían por mi mejilla sin control alguno. Mi cuerpo manifestaba todo tipo de emociones, comenzaba a temblar sin poder controlar los espasmos.
— ¿Tienes frio?—Preguntó por las manifestaciones de mi cuerpo.
—¡No! estoy bien…—como decirle que su presencia era la que me causaba escalofríos y mil efectos que no podía disimular. Había sido toda una conmoción encontrarme con él y mis sentidos me anulaban la razón, producto del magnetismo que ejercía su figura. Me encontraba totalmente vulnerable y con una sensibilidad extrema. No quería mirar sus sorprendentes ojos azules porque mi susceptibilidad hacía escapar una lágrima por las sensaciones percibidas.
—¿Continúas enojada conmigo?—Quería besarlo, me parecía tan tierna su pregunta.
Me aprieta contra su pecho y me sujeta con una mano la zona lumbar y con la otra toma mi mano con fuerza mirándome a los ojos cuando me susurra…
—Sé que sufriste esta ausencia, estas más delgada, tu mirada no recupera el brillo de costumbre, pero no puedo negar que tú presencia me hace muy feliz, tenerte tan cerca es lo que me imaginaba una y mil veces en mi mente.
Sin detener sus impulsos me llevó a una sala íntima donde se podía observar una gran mesa de billar con tapete verde en el centro. En una de las paredes un gran tapiz de estilo renacentista y dos sillones de cuero color rojo. Un salón soberbio e íntimo.
—¿Te sientes mejor aquí…?; que estamos solos y lejos de las miradas curiosas. Mírame por favor, dime algo…
Cuando se acercó y se colocó frente a mí, vio que mis ojos estaban desbordados en lágrimas, que apenas me dejaban ver con claridad su rostro.
—¡Por Dios!..., no quiero verte sufrir, ya estoy aquí, pregúntame lo que quieras— me abrazo con toda su fuerza y dejo que llorara sobre su hombro mientras con sus manos acariciaba mi espalda en sinónimo de consuelo.
Permanecí largo tiempo entre sus brazos sin emitir palabra y descargando mi llanto contenido. Como empezar a contarle a este hombre la angustia que sentía por no tenerlo, por no saber nada de él. Por sentirme abandonada nuevamente. No podía hablar, solo disfrutar su figura, su aroma, sus gestos, todo su ser. Me estaba demostrando en todo momento sus sentimientos y a cambio yo le respondía con mi silencio.
Fue cuando él comenzó a relatar lo que sentía en este tiempo de alejamiento, de separación de ambos, lo sucedido, los motivos del viaje, su sensibilidad ante los hechos ocurridos, sin soltarme de sus brazos, continúo…
—Hubo un día donde entraste en mi vida sin permiso. Pensé que tenía la vida controlada y hecha a mi gusto. Pero te apareciste con tu dulzura y tu sensibilidad. Todo cambio. Sin esperarlo comenzaste a meterte en mi corazón y nos enredamos en ese espasmo donde los latidos se aceleraban al vernos, al tocarnos. Siempre tenía las manos inquietas de deseo. Cuando creí que controlaba mis impulsos, me di cuenta que nada sabía de sentimientos. Mi cuerpo te llamaba a cada momento, tu presencia desplegaba sensaciones nunca percibidas. Esta relación que ambos tenemos y que pretendo que perdure en el tiempo te pide que le des una nueva oportunidad, aquí, ahora, de volver a disfrutarnos con nuestra compañía y que juntos construyamos un futuro a nuestra medida, donde nuestros sueños se proyecten en el tiempo. Luego de lo ocurrido, no sé si podría vivir sin ti y te aseguro que los momentos que pasamos nos pusieron a prueba, y creo no equivocarme, a los dos. Pasamos por muchas etapas. En lo personal, pasé por el desafío de tenerte y que compartieras mi lugar, de perderte en un país a manos de extraños, de recuperarte y volverte a perder. Violencia, muerte y desolación. Compartimos días amándonos hasta el cansancio y luego esta partida inesperada que hoy nos trae hasta aquí y donde el silencio y tu angustia me atormentan.—Me toma la cara con sus manos, acerca su boca rosando la mía y continúa…
—Cuando beso tu piel —y me da un beso en la mano.—Cuando miro tus ojos, mi mundo se paraliza y si tuviera que elegir en este momento, elegiría tus lágrimas, —y besa lentamente mis mejillas… continúa—porque están concebidas en tu corazón, porque nacen en tus hermosos ojos—y los besa, — y se mueren aquí, en tus labios. —Fue cuando acercó mi mentón y apoyó sus labios en los míos y me dio un beso tierno, dulce, vibrante y profundo.
—Me asustas con todo lo dicho Federico— le dije casi en un suspiro.
—Estas dispuesta a correr el riesgo de ¿intentarlo de nuevo?¿ Estas dispuesta a pasar el resto de los días juntos?¿ De permitirme hacerte feliz ?
—Debo preguntarlo…¡ aunque me duela Federico! ¿Dónde seríamos felices?
—Aquí en la Argentina, no hay más viajes, no hay más Embajada en Egipto, no hay más encuentros en países lejanos, ni separaciones abruptas, ya renuncié a todo aquello para empezar de nuevo aquí, contigo, si me lo permites y me acompañas.
—Es imposible lo que me estás diciendo—dije llorando con una leve sonrisa.
—¡No!... no bonita, esta separación tuvo un costo, soy consciente de ello, un costo de reordenar mi vida y si me lo permites contigo. Nada es imposible, es arriesgada la experiencia, pero la razón me dice que vale la pena intentarlo y el corazón me dice a gritos que te necesita a mi lado, que lo intentemos nuevamente, ¿Qué te parece, asumir él desafío?¿ Estarías dispuesta a darnos una segunda oportunidad a nuestras vidas, juntos?
—¡Si, Si,! —y lo abrace lo más fuerte que puede y lo bese con tanta intensidad que no creí parar jamás, a tanto deseo. Noté que su pecho se hinchaba de placer. Baja la cabeza de nuevo y observa mi rostro que toma con sus manos, cuando argumentó…
—Creí que en tu silencio… me anunciabas que había perdido.
Nos dimos unos besos apasionados y nos acariciamos mutuamente como queriéndonos reconocer nuevamente. El limpiaba mis lágrimas con sus besos, que no lograba detener y suspiraba infundiéndome solo palabras de aliento y consuelo.
—Creo que la fiesta termino y quiero disfrutarte por completo—dijo mirándome con sus grandes ojos azules y una sonrisa cómplice que brotaba de su hermosa boca.
Nos fuimos sin importar el evento en el que estábamos y cuando nos conducimos a la habitación comenzamos una danza de caricias y besos que me llevaron debajo del dosel y pesar en mi propio cuento de hadas, cuando sin dejar de abrazarme y con su boca sobre mi cuello me dice…
—Enamorarme de ti fue fácil, permanecer enamorado frente a todo, fue un desafío.
— Uhmmm, que complicado suena eso—dije acariciando su rostro.
—Pero dejarte fue lo más difícil… —Y continuaba con besos detrás de mi oreja jugando con mi lunar.
—¡Si …! ¿Y?—le respondí.
—Vivir juntos el resto de nuestras vidas, es lo que te propongo, para completar esta felicidad que tengo.
—¡Va muy rápido señor! Por el día de hoy he tenido muchas sorpresas y no sé si pueda seguir asimilando más información—dije con ternura.
—No lo creo… tienes una gran capacidad de razonamiento y de adaptación, pero debo hacerte una pregunta… Antes de tocar este hermoso cuerpo y seguir besando estos labios—mirando con sus bellos ojos mis contornos, continuó la frase…—Quiero estar el resto de mi vida en tu mente, en tus brazos y en tu corazón, porque te amo, porque te necesito y quiero que seas mi mujer ¿Quiero saber si tú me amas y si aceptas la propuesta?... porque aún no tengo una respuesta real de tu parte.
— Te amo Federico. Tu alejamiento me marcó a fuego, reafirmó mis sentimientos. Temía perderte. No concibo los días sin vos y estoy dispuesta al desafío de comenzar una vida juntos.
—¡Eres mía… y como dijo tu amigo turco… Eres mi diamante transformado en mujer… Me vuelves loco!.
—¿¡Cómo sabes que dijo esoooooooooooo!?
—Preciosa… deberás acostumbrarte a que no se me escapa nada.
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